"Como tarabilla" (I)

“Como tarabilla (*)” será el título bajo el cual publicaré lo que algunas mañanas, como tarabilla, comparto en el Facebook. Aquí se los dejo.

Busquen sacerdotes que tengan clara la diferencia entre el bien y el mal.
De qué les sirve ir con quien les endulza el oído si lo que necesitan es que les ayuden a salvar su alma? 

Lo escuché de otra persona pero lo diré a mi modo: 
A los santos, almas del purgatorio y a nosotros, la Gracia nos estructura como una especie de red multidimensional de personas que hacen el bien cuando, en estado de gracia, por amor ofrecemos las buenas obras por la salvación del mundo.

Colaborar con la gracia para vivir en estado de gracia es fundamental para que nuestras buenas obras alcancen para nuestra salvación y la del mundo entero.

De lo anterior se deduce que, sin estado de gracia, las buenas obras no alcanzarán para la salvación. Es la razón por la que se equivocan quienes promueven dar la comunión a personas que no han reconocido estar fuera del estado de gracia.

Pese a lo que piensan muchos católicos, la comunión en pecado no da felicidad ni tampoco sirve para obtener bendiciones o una buena relación con Dios, al contrario, arruina la obra de salvación de Dios en nosotros porque acarrea condenación, pese a que hoy en día muchos no están de acuerdo.
jeje… como si se pudiese estar o no de acuerdo con la Palabra de Dios y que, además, tuviese algún efecto para la salvación   

Dios da su gracia para desear vivir en estado de gracia no para que nos sintamos cómodos viviendo en pecado. Esto es así aunque declaren lo contrario obispos y presbíteros.

Esa especie de red multidimensional que mencioné, formada por personas que -en estado de gracia obran el bien- es lo que nos eleva, por decirlo de alguna manera, a la vida sobrenatural. 
Conocer, vivir y conservar dicha conexión permite vernos transformados en adoradores que glorifican a Dios con la santificación que la gracia obra en nosotros.

En Cristo, cada mañana, ofrece al Padre tus penas, trabajos y alegrías pero sobre todo tus buenas obras y pensamientos. Esa será tu nada pequeña contribución a la salvación del mundo.

No recuerdo haber escuchado de Jesús que ofreciera largos períodos de “discernimiento” a los pecadores para facilitar que su conciencia reconociera el pecado. Jesús enfrentó directamente el pecado siempre en tiempo presente. Cuán falsa es la misericordia que, de inmediato, no llama a las cosas por su nombre.

Al respecto Javi Guti ha dicho: “Imagínate: “Zaqueo, ¿dar tus bienes a los pobres? No no, ¿por qué te apurás? Pensá un poquito, tomate un tiempo, misericordiate, vos sabrás hacer lo mejor con más calma, con más tiempo. Lo que sentís, eso debés hacer". Ya sabes, del evangelio según San Misericordiando”.

A Zaqueo y a la totalidad de los demás casos me refiero.

Es cierto que toma tiempo reconocer nuestro pecado pero esa no es la etapa para comulgar sino hasta habernos confesado pecadores y, arrepentidos, haber prometido no volver a pecar.

Padre bueno, te suplicamos que infundas tu gracia en tus presbíteros y obispos para que no teman hablar del pecado y sus consecuencias para la salvación de nuestra alma.

Marcelo Islas, un creyente no católico al respecto comentó: “Ciertamente el pecado afecta al alma, pero para esta humanidad materialista eso es de poca importancia, aún entre creyentes hay un enfoque materialista constante en términos prácticos en la actividad diaria.
Sin embargo el pecado tiene consecuencias incluso a nivel físico, a nivel social en nuestras relaciones, en la conformación de una psicología colectiva, que termina degradando a la sociedad, así que incluso para el enfoque mundano, el concepto de pecado debiera ser retomado con una mente abierta, para una aproximación seria acerca del asunto y sin el prejuicio que para muchos conlleva la práctica religiosa”.

Exacto. Todos parecen del criterio que el mal se debe rechazar pero no mientras sea el mal que señala el cristianismo; pero es que, acaso, no es todo el mismo mal?

Padre bueno, transforma con tu gracia a tus presbíteros y obispos en adoradores y que, si no quieren, que -al menos- no estorben tu obra de salvación. 

Bien, pero, qué digo? Es lo que siempre haces.
Gracias por esta certeza. 

En estado de gracia somos invencibles porque la fuerza de Dios actúa por medio de nuestra debilidad que voluntariamente ha sido puesta a su servicio.

(*) Tarabilla: Tablita de madera que cuelga de una cuerda sobre la piedra del molino harinero y va golpeando la tolva para que despida la molienda; al dejar de hacerlo avisa de que se ha detenido el molino.
“Hablar como tarabilla” es una expresión de la que se servía mi abuela materna para indicar cuando alguno de los nietos no podíamos parar de hacer ruido. jeje

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