Una vida cotidiana perdida y añorada

                              El pueblo de Birkenlud, ilustrado por Ilon Wikland (1930-).

        

  

“¡En torno nuestro hay Cielo en nuestra Infancia!”

William Wordsworth. Oda a la inmortalidad

  

“Cuando algunas personas piensan que eres grande y otras que eres pequeño, entonces tal vez tengas exactamente la edad adecuada”.

Astrid Lindgren. Los niños de Bullerby

        

  

La escritora sueca de literatura infantil, Astrid Lindgren, mundialmente famosa por su creación de la anárquica y revolucionaria Pippi Calzaslargas, tiene, a mayores, una producción literaria abundante donde es posible encontrar pequeñas joyitas, algunos libros breves, pero valiosos, sobre los cuales voy a hablarles hoy. 

Estas historias son en parte autobiográficas y recogen retazos de recuerdos infantiles de la autora nacidos en el marco de un mundo pastoral y rústico que ya no existe. Ese es, precisamente, su valor. Me refiero a las historias de Madita y la las de Los niños de Bullerby. Las primeras recogidas en dos libros titulados, Madita (1960) y Madita y Lisabet (1976), publicados (ambos en su día por la editorial Juventud), recoge las vivencias infantiles de una niña de unos ocho años que da título a la serie, y de su hermana menor, Lisabet, de cinco, en el pequeño pueblo de Birkenlud. Madita vive con su hermanita, sus padres, la sirvienta Alva y la lavandera de la familia Linus-Ida. Sus historias nos muestran la típica forma de vida de la clase media en la Suecia rural de principios del siglo XX, con la primera guerra mundial de ruido de fondo, un ruido muy tenue, por lo demás. Las dos hermanas protagonizan multitud de aventuras, nacidas de su naturaleza traviesa, juguetona y curiosa, en el marco de un acontecer cotidiano a lo largo del año escolar.  

                          Madita y su hermana Lisabet. Ilustraciones de Ilon Wikland (1930-). 

El segundo grupo de historias (Los niños de Bullerby) relata las vivencias y aventuras cotidianas de seis niños (hermanos y amigos) que viven en una pequeña aldea que da nombre a la serie. Fueron publicadas en varios volúmenes entre 1947 y 1967. Bullerby es un lugar realmente pequeño, ya que está formado solo por tres granjas, conocidas como la Granja del Norte, la Granja Central y la Granja del Sur. En la Central viven tres hermanos: Lars de nueve años, Pip de ocho y Lisa de siete. En las otras dos granjas habitan tres chicos más. Uno de ocho años llamado Olaf u Ollie, que es amigo de Lars y Pip y que vive en la Granja Sur, y dos hermanas llamadas Britta y Anna, de nueve y siete años de edad, de quienes Lisa es amiga y que viven en la Granja Norte.

 

                               Los niños de Bullerby. Ilustración de Ilon Wikland (1930-).

Las historias son contadas desde el punto de vista de la pequeña Lisa, que narra con mucha gracia las aventuras y travesuras del grupo. En España han sido editadas por el Círculo de Lectores y por Sushi Books, ambas ediciones en un solo volumen, ilustrado por Illa Wikland, la dibujante favorita de Astrid Lindgren, como en el caso de los relatos sobre Madita y su hermana.

Las dos series son deliciosas, puras y entrañables, y por supuesto, divertidas, llenas de humor y aventura y repletas de esos niños traviesos e ingenuos que a todos gustan. Además, Astrid Lindgren es una escritora con oficio y talento que atesora una sensibilidad especial para retratar la infancia y sus sentires; y eso se percibe no más empezar a leerla. 

 

                                   La Granja Central ilustrada por Ilon Wikland (1930-).

¿Qué pueden encontrar nuestros hijos en estos libros? Pues, además de un entretenido pasatiempo, algo quizá hoy revolucionario: inocencia, libertad, juego, espontaneidad e imaginación y, en el fondo, la familia, una familia de verdad, protectora, sostén y custodio, solar y nido. Es decir, lo que la infancia debería ser y desgraciadamente ya no es. Su lectura puede ser una buena manera de agitar los corazones de los chicos, de avivar lo que de verdaderos niños aún retienen allí, acurrucado en un rincón olvidado, y que añoran sin siquiera saberlo. Lean a sus hijos estas historias o denles a leer estos libros, y los verán disfrutar. Asistirán al asombroso despertar de un deseo: sus hijos querrán ser como siempre habrían debido ser, como deberían ser y como, lamentablemente, no les estamos dejando ser.

                               Varias ediciones en español de los libros comentados.

Los protagonistas de estos libros exhiben frescura donde los niños urbanos de hoy experimentan aburrimiento o adicción. Les vemos practicar, con una tenue y deliciosa suavidad, los rituales de una inocencia, tan cercana, desenvuelta y espontánea, que muy probablemente nos veremos envueltos en una enorme tristeza y añoranza al comprobar como hoy esa ingenuidad está siendo sistemáticamente erradicada. 

Pero no hay que caer en el desánimo. Si les damos a los chicos una oportunidad, no me cabe duda alguna de que la aprovecharán. Lo he visto una y otra vez; en cada ocasión en que se les fuerza a quedarse a solas consigo mismos y con lo natural vuelven a lo natural, y a una velocidad de vértigo. Déjenlos en un jardín, sin pantallas, solos, a su rumbo y ventura. No tardarán en jugar entre sí, correr de aquí para allá, explorar, perseguirse, esconderse y reír, reír… Ustedes también sonreirán. Como decía el poeta:

 

Cuando se oyen las voces de niños en el prado

y llegan las risas hasta la colina

mi corazón en paz está en mi pecho

y todo lo demás está en reposo.

(…)

“Bien, bien, jugad hasta que la luz se esfume

y luego id a casa y hacia el lecho.

Los pequeños saltaron, gritaron y rieron

y en eco las colinas respondieron.

 

William Blake. Canción del aya

 

Estas historias les inspirarán, a unos y otros. Seguro. Puedo decirles que mis hijas disfrutaron en su momento mucho con estos libros, apropiados para niños de entre 7 y 10 años y muy propicios para ser leídos en familia.

1 comentario

  
Ronin
Genial post.

Qué terrible es el hecho de que recomendar libros para que los niños sean eso, niños, sea considerado algo revolucionario.

Cantaba Sabina aquello de que quien ha robado el mes de Abril.
Ahora habría que cantar quien nos ha robado la inocencia, la esperanza,...
22/10/19 2:07 PM

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