InfoCatólica / De Lapsis / Categoría: Disenso

27.06.19

Indianápolis, esta vez sí, un colegio, que no es jesuita, decide mantener su identidad católica

Hace una semana compartía la actuación del Arzobispo de Indianápolis, Mons. Charles Thompson, en favor de que la educación católica de su diócesis siguiese siendo católica. Un deber como pastor. Sabe que se juega el alma.

Exigió al colegio de secundaria Brebeuf, de la Compañía de Jesus, después de un largo periodo de diálogo, que no renovase a un maestro que había contraído «matrimonio» con otra persona del mismo sexo, un hecho público y publicitado por el mismo colegio. En el comunicado de la diócesis decía que:

«Todos los que ministran en instituciones educativas católicas llevan a cabo un ministerio importante para comunicar la plenitud de la enseñanza católica a los estudiantes, tanto por medio de la palabra como por la acción, dentro y fuera del aula.

En la Arquidiócesis de Indianápolis, todas las escuelas católicas diocesanas y escuelas católicas privadas han recibido instrucciones para establecer claramente en los contratos y descripciones de funciones ministeriales que todos los ministros deben transmitir y apoyar todas las enseñanzas de la Iglesia Católica».

El colegio jesuita, seguirá siendo jesuita según dice la dirección del centro y de la provincia, pero ya no una institución católica.

Dos días después, otra institución educativa de la archidiócesis, el colegio «Cathedral High School», se ha encontrado en las misma tesitura: o todos los maestros eran aptos o la diócesis no podía engañar a los padres diciendo que eso era un colegio católico.

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21.06.19

El arzobispo de Indianápolis revoca la identidad católica de colegio jesuita

El asunto tiene más enjundia de la que ya de por sí parece tener. Las consecuencias son importantes.

La Arquidiócesis de Indianápolis anunció el jueves que una escuela secundaria jesuita local ya no será reconocida como una escuela católica, debido a un desacuerdo sobre el empleo de un maestro que contrajo «matrimonio» entre personas del mismo sexo. El comunicado es demoledor:

«Todos los que ministran en instituciones educativas católicas llevan a cabo un ministerio importante para comunicar la plenitud de la enseñanza católica a los estudiantes, tanto por medio de la palabra como por la acción, dentro y fuera del aula.

En la Arquidiócesis de Indianápolis, todas las escuelas católicas diocesanas y escuelas católicas privadas han recibido instrucciones para establecer claramente en los contratos y descripciones de funciones ministeriales que todos los ministros deben transmitir y apoyar todas las enseñanzas de la Iglesia Católica».

Además añade que los maestros se consideran como ‘ministros’ porque

«es su deber y privilegio asegurar que los estudiantes reciban instrucción sobre la doctrina y la práctica católica. Para dar testimonio efectivo de Cristo, ya sea que enseñen religión o no, todos los ministros en sus vidas profesionales y privadas deben transmitir y apoyar la enseñanza de la Iglesia Católica».

Y después sigue relatando los hechos:

«Lamentablemente, la Escuela Preparatoria Jesuita de Brebeuf ha optado libremente por no celebrar acuerdos que protejan el importante ministerio de comunicar la plenitud de la enseñanza católica a los estudiantes. Por lo tanto, la Arquidiócesis de Indianápolis ya no reconocerá a Brebeuf Jesuit Preparatory School como una institución católica»

Directo. Punto. Finito. No es un colegio católico, por mucho que el cole siga afirmando que «nuestra identidad como institución jesuita católica permanece sin cambios»

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8.02.18

Ratzinger profetizó la "letanía" de la Iglesia del Nuevo Paradigma hace 30 años

Cardenal Ratzinger

Las «letanías» de la Iglesia del Nuevo Paradigma están recogidas y analizadas ya hace treinta años en un discurso profético del Cardenal Ratzinger, entonces Prefecto de Doctrina de la Fe, a los presidentes de las Comisiones Doctrinales Europeas en Laxenburg en 1989: Difficulties confronting the faith in Europe today.

Yo lo desconocía, llegué a él a través de una referencia de Edward Pentin. De haber existido internet entonces habría sido un «bombazo». Si intentamos retroceder mentalmente a las condiciones sociales, políticas y religiosas de esos años, se aprecia mucho mejor la capacidad de predicción y análisis del Cardenal, parece «un mensaje en una botella» destinado a abrirse hoy. Es tan tremendo que Ratzinger tiene que terminar con una excusa «todo lo dicho aquí puede parecer a muchos demasiado negativo…».

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8.11.14

«Soy madre divorciada y recasada, y no puedo comulgar. Por mi salvación rezo para que la Iglesia no cambie su doctrina»

Luma Simms

Luis Fernando recordaba ayer a San Pablo «es preciso que entre vosotros haya disensiones, a fin de que se destaquen los de probada virtud entre vosotros». E indudablemente el «lío» del Sínodo también está sacando a la luz la verdad, la valentía y la entereza defendida por muchos católicos, laicos, sacerdotes, obispos, de palabra y de obra.

Los kasperosos consideran que el amor a la Eucaristía es un heroísmo no exigible al cristiano medio. Frente a ellos empiezan a abundar testimonios sobrecogedores. Esta semana he leído dos, el de Steve y Shaina Purves, que cohabitaban y decidieron vivir como hermano y hermana cuando se convirtieron por respeto a la Eucaristía hasta que obtuvieron el reconocimiento de nulidad.

O el de Luma Simms en First Things, protestante que se convirtió al catolicismo y que a pesar de estar divorciada descubrió que «la Iglesia Católica tiene una bella y rica doctrina sobre el matrimonio». Un extraordinario ejemplo de atracción de la Verdad y del sentido del pecado, y ojalá algún día pueda ser ejemplo de buen final, el de poder acercarse a recibirle sacramentalmente, porque cesa la situación de adulterio que ella reconoce, para lo que cuenta siempre con la gracia de Dios, y quizá también con nuestras oraciones.

Y es que como bellamente señala la Instrucción de la CDF de 1994,

Será necesario que los pastores y toda la comunidad de fieles sufran y amen junto con las personas interesadas, para que puedan reconocer también en su carga el yugo suave y la carga ligera de Jesús. Su carga no es suave y ligera en cuanto pequeña o insignificante, sino que se vuelve ligera porque el Señor –y junto con él toda la Iglesia– la comparte. Es tarea de la acción pastoral, que se ha de desarrollar con total dedicación, ofrecer esta ayuda fundada conjuntamente en la verdad y en el amor.

Os dejo con la traducción del portal chileno PortaLuz.

«El mismo día en que mi alma se convirtió al catolicismo, descubrí que no podría recibir la comunión, porque soy una mujer divorciada y vuelta a casar». Esta verdad magisterial sustentada en la doctrina, la tradición y los evangelios, lejos de hacerla dudar de su conversión desde el protestantismo, confirmó su adhesión a la Iglesia.

Dolor y alegría

Luma cuenta su historia, mencionando que tuvo «lágrimas de dolor y alegría» al encontrarse con «la verdad sobre la transubstanciación», que es negada por los protestantes. Saber que en la hostia consagrada está realmente el cuerpo vivo de Cristo, dice que le llevó a sentir «dolor por haberse tardado en descubrir esta verdad», pero al mismo tiempo «alegría porque finalmente habían (ella y su segundo marido) encontrado el fundamento de la autoridad que reside en su Iglesia, fundada por Él y que mandó custodiar a todos los Apóstoles instruidos por Él».

Los hijos, determinantes

Luma recuerda que llegó desde el calvinismo al catolicismo gracias a «la hermosa encíclica Humanae Vitae que ablandó mi corazón… Luego nada me parecía suficiente y necesitaba conocer todo aquello que la Iglesia cree, basada en la enseñanza de Jesús». Así descubriría esta conversa el Magisterio de la Iglesia y sorprendería a muchos su capacidad de obediencia:

«Debido a mi divorcio y también porque otro miembro de mi familia recientemente dejó su matrimonio después de 43 años, vi como nuestros hijos han crecían con muchas dudas y cuestionando el matrimonio». Un día, «uno de nuestros hijos, al hablarnos nos mostró la ansiedad que le provocaba saber que no podía asegurar que papá y mamá estarían siempre juntos, a su lado». Este dolor del hijo, cuenta Luma, fue determinante para comprender cuán «profundamente influenciados por nuestras elecciones y la cultura crecen los hijos». Pero a la vez, dice, la impulsó a confirmar su conversión y decisión: «Formarlos en una iglesia que se mantiene firme en el matrimonio para toda la vida».

«Doctrina rica y hermosa»

La Iglesia Católica, dice Luma, «tiene una doctrina rica y hermosa para enseñar de la plenitud del matrimonio en la imagen de la unión entre Cristo y su novia, la Iglesia».

El crecimiento espiritual de esta conversa se ha nutrido particularmente de la vida sacramental. No comulga físicamente, pero nutre su alma y camino de fe mediante la comunión espiritual

«Muchas veces –nos cuenta- me levanto en medio de la noche pensando, ¿cómo es que he llegado a considerar el catolicismo? Pero luego en la mañana durante la misa diaria, orando en la liturgia, ¡experimento la profunda presencia de Dios, incluso si no recibo la Eucaristía y comulgo espiritualmente![…] Es a través de la comunión que espiritualmente soy alimentada por el Señor».

Compromiso

Luma Simms afirma que «no es la Iglesia» quien le niega la Comunión física, «soy yo quien desobedeció a Dios abandonando mi primer matrimonio» a pesar de que era «inmadura» y las «circunstancias me llevaron a esa drástica medida». Tal vez, señala, «algunas personas podrían sorprenderse por mi comunión con una iglesia en la que no puedo comulgar físicamente porque soy divorciada y vuelta a casar. Pero a menos que me puedan probar lo contrario, creo que cualquier acción para autorizar el dar la comunión a quienes somos divorciados vueltos a casar corrompería la doctrina del matrimonio reduciendo además la imagen de la Iglesia como esposa de Cristo… demolería a la Iglesia. Yo he encontrado refugio en la iglesia. Por mi salvación y la de mis hijos rezo para que la Iglesia no cambie su doctrina».

Gracias Luma por tu testimonio, ojalá ayude a algunos «teólogos» también, seguro que ellos te habrían encotrado tristes ‘excusas’. Conocer la distinción entre Bien y del Mal, no buscar justificaciones y abandonarse, de verdad, en el Señor, es el camino, para todos. Perder el sentido del pecado es perderse del todo; tenerlo, la condición necesaria para arrepentirse y pedir perdón.

24.05.14

Lady Julia Flyte responde al Cardenal Kasper

Retorno a Brideshead.  Anthony Andrews, Diana Quick, Jeremy Irons, 1981

No voy a incidir sobre los motivos de fondo de la propuesta del Cardenal Kasper en torno a los divorciados-vueltos-a-casar, que supongo muy conocidos. Bruno, con la sabiduría, paciencia, profundidad y cariño que le caracterizan ya lo está haciendo.

Tampoco soy de los que se escandalizan por el desarrollo del sarao previo al Sínodo, yo no lo habría hecho así, pero estas cosas tienen tradición paulina y sigo creyendo en el verdadero Santa Claus.

Sin embargo, no me resisto a comentar una de las respuestas que el Cardenal Kasper ofreció en la entrevista a Commonweal durante la promoción estadounidense de su libro, «La misericordia. Clave del Evangelio y de la vida cristiana», y que me resultó especialmente significativa. A mi juicio aporta una de las claves importantes en este desaguisado sobre los «recasados».

Hace un mes el Cardenal Kasper, con algo falta de honradez intelectual, a mi modo de ver, intentaba responder a las críticas que le hizo Pérez-Soba en la publicación alemana Die Tagespost. El cardenal alemán llega a decir irónicamente que él sí que ha citado en su discurso en el consistorio varias veces la Familiaris Consortio de Juan Pablo II. Y no dice la verdad, o peor aún, dice media verdad, porque de la exhortación apostólica no cita precisamente la respuesta a sus inquietudes. Los números 83 y 84 son claros y explicativos, y en especial un párrafo:

Parecido es el caso del cónyuge que ha tenido que sufrir el divorcio, pero que —conociendo bien la indisolubilidad del vínculo matrimonial válido— no se deja implicar en una nueva unión, empeñándose en cambio en el cumplimiento prioritario de sus deberes familiares y de las responsabilidades de la vida cristiana. En tal caso su ejemplo de fidelidad y de coherencia cristiana asume un particular valor de testimonio frente al mundo y a la Iglesia, haciendo todavía más necesaria, por parte de ésta, una acción continua de amor y de ayuda, sin que exista obstáculo alguno para la admisión a los sacramentos.

El entrevistador de Commonweal hizo bien su trabajo y no dejó pasar el asunto recordándoselo veladamente. Y señalando que según «los críticos» (a las tesis de Kasper) para poder recibir el perdón y después sacramentalmente al Señor, haría falta un «heroico ajuste de vida» por parte de quien vive irregularmente (o sea, en adulterio). El Cardenal responde:

Tengo un profundo respeto por estas personas. Pero si lo puedo imponer es otra cuestión. Yo diría que la gente debe hacer lo que es posible en su situación. No podemos, como seres humanos, hacer el ideal, lo mejor. Tenemos que hacer lo mejor posible en una situación dada.

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