Divertimento sabatino: el himno de los cojos

Llevaba un servidor apenas un par de meses como párroco de mis dos pueblos. Las mañanas de domingo, complicadas. Misas de 11, 12 y 13 h., pero cambiando de pueblo. Así que era celebrar midiendo bien el tiempo, salir corriendo con el coche y llegar a la siguiente misa con un margen de poco más que revestirte y salir al altar.

Todo era posible gracias a mis buenas sacristanas que hacían que todo estuviese listo para la celebración: iglesia abierta, altar preparado, lectores y hasta los cantos, muy conocidos, muy repetidos, que entonaban un grupito de mujeres de buena voluntad.


A veces, mientras me revestía me preguntaba mi María: “hijo (me conocía desde niño y yo era de la edad de uno de sus hijos) ¿qué cantamos en la comunión?”. Recuerdo que un día le respondí: “pues hoy podíais cantar el himno de los cojos”. Se quedó estupefacta para responderme: “no sé qué canción es esa, pero si quieres un día nos la enseñas”. Le dije: “sí, mujer, os la sabéis, es esa que empieza con eso de no podemos caminar…” María, que aún no había terminado de conocer mi peculiar sentido del humor, sólo acertó a responderme: “serás bobo…”

Pues al menos se las sabían, porque en el pueblo más pequeño, donde los domingos acudían a misa cuarenta o cincuenta personas, les propuse cantar un día justo esa canción, sin bromas, refiriéndome a ella con su inicio y me dijeron que no la sabían, lo cual me puso muy sobre aviso de que en temas musicales la cosa andaba flojita.

Alguien me dijo en una ocasión que el cura de pueblo es algo así como el pato: no es un gran nadador, ni corredor, ni volador, pero nada, corre y vuela. Con la música nos pasaba algo de eso. Ya hubiera querido yo tener organista, maestro de capilla o al menos un director medio decente. Pero sólo tenía a Jacinta, Marisol, Ana y Leonor, mayores, que entonaban lo que podían, y que seguían pensando que cantaban como a sus veinte años, que no era el caso. Pero en fin, a pesar del vicio de arrastrar, de inventarse insólitas segundas voces y de querer que la voz de cada cual se notara más que las otras, hacían un decente papel. Alguna vez ensayábamos juntos, pero servidor tampoco es músico, aunque las clases de música durante la teología algo dejaron.

A veces contaba con el apoyo de algunas jóvenes con sus guitarras, que no es que fuera exactamente la misa de la coronación de Mozart, pero algo se avanzaba. Lo más que hacía un servidor era seleccionar cantos que fueran litúrgicos, recuperar las viejas canciones litúrgicas de siempre un tanto arrinconadas e ir haciendo que otras, coladas más de clavo y que lo mismo podían cantarse en misa que un congreso de dentistas, se fueran olvidando.

Es relativamente fácil una liturgia digna y solemne cuando uno tiene a su disposición organista, maestro de capilla, maestro de ceremonias, dos acólitos instituidos y un diácono. Pero claro, te encuentras en el pueblo o en una parroquia normalita de la ciudad, hoy te faltan tres monaguillos sin saber por qué, un guitarrista está griposo y de las señoras una, ya mayor, se ha quedado en casa porque tiene al marido recién operado de próstata y otra tiene a los nietos. Así que en esos casos ya se sabe: “el himno de los cojos”, y sea lo que dios quiera.

P.D.: María se aprendió lo de los cojos y lo sigue diciendo. Cuántas veces me decía: ¿“Te parece que cantemos hoy lo de los cojos”? ante el estupor de quienes nos escuchaban y directamente nos tenían por locos.

8 comentarios

  
Maribel
Juaaa, juaa, juaaa
19/01/13 12:51 PM
  
Miguel Ángel
Gracias padre por llamarnos guitarristas, y no el despectivo "guitarreros" que usan algunos comentaristas de este portal, que lo hacen a sabiendas tratando de ofender, que es peor.
Lo triste es que seguramente no tengan ni idea del verdadero significado de la palabra guitarrero que es el que construye guitarras o las arregla, demostrando lo ignorantes que llegan a ser.
19/01/13 1:10 PM
  
VICENTE
entrada: alrededor de tu mesa.
Comunión: Cantemos al Amor....
final: Salve Regina.
19/01/13 3:12 PM
  
comorl?
pero qué edad tiene ahora la Maria !
19/01/13 7:29 PM
  
conchi
Padre Dn. Jorge.Gracias por su buen humor.Me he reído hasta llorar.Se lo he contado a mi marido y nos hemos identificados con Ud.¿Que por qué digo ésto?.Sencillamente porque lo vivimos todos los veranos en Galicia,en el pueblo.
Un ejemplo de lo que son "algunas"Marías.
LLevé dos casullas (una roja y otra blanca),desde mi Parroquia de Valencia,bien preparadas del tinte,limpias preciosas pues eran viejas y las quiso regalar mi párroco para el pueblo nuestro.Pues bien,las Marías...las metieron en LEJIA y al canasto los colores y el apresto que tenían.
Al sentir su Historia,me destrenillado de risa.
No digo lo de cantar ,eso ya es capítulo aparte... y además en gallego ¡de muerte!.
Padre,siga con ese humor que falta hace en esta querida Patria nuestra.
Solo de oir el telediario,dan ganas de llorar a grifo abierto.Al menos con estas cosas,se ríe uno a manddíbula batiente.Ja,ja,ja.¡Viva el buen humor!

19/01/13 7:58 PM
  
ma.lourdes e.
Buenas vivencias y gracias por compartirlas.
20/01/13 5:32 AM
  
Americo de Peru
muy ameno y completamente real, me ha hecho sonreir ...
20/01/13 5:55 AM
  
Alvaro
Imagino que, como dice el refrán, "en todas partes cuecen habas": simplemente, cada cual acaba haciendo lo que se puede con lo que tiene a mano en cada momento...

...lo cual es evangélico a tope, ya que se nos insta a confiar en la Divina Providencia.

PD: En la línea del "himno de los cojos", mencionar que a mí, la canción que dice "Señor / sabes bien lo que tengo / en mi barca / no hay oro ni espadas..." siempre me ha recordado los palos de la baraja española (podría seguir con "...tampoco bastos / ninguna copa...")

PD: Miguel Ángel:
Entiendo y comparto su opinión sobre el distinto matiz entre los términos "guitarrista" y "guitarrero", pero me temo que el segundo también designa a quien toca la guitarra. Pego del DRAE:

guitarrero, ra.
1. m. y f. Persona que hace o vende guitarras.
2. m. y f. Persona que toca la guitarra.

Un saludo.
21/01/13 5:25 PM

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