Marion Maréchal, católica y laicista

Marion Maréchal es la nieta católica de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional en Francia, partido que está hoy en manos de Marine, tía de la primera e hija del segundo. En manos paganas, habría que añadir, pues Marine solo ha heredado de su padre el nacionalismo y el antiglobalismo, pero es firme defensora de las tesis abortistas.

De hecho, hace algo más de tres años, la tía desautorizó públicamente a la sobrina al asegurar que de gobernar Francia no tocaría la ley del aborto, que seguiría siendo libre y gratuito.

Marion, que es lo más cercano a Vox que hay en el país galo, ha estado en España por iniciativa de Gabriel Ariza, fundador de InfoVaticana y actual asesor de Vox, y ha sido entrevistada por el diario El Mundo. La presentan así:

En los últimos meses, Marion Maréchal (30 años) se ha convertido en un referente ideológico allende las fronteras de Francia. En un artículo publicado en la revista New York Review of Books el pasado diciembre, Mark Lilla la erigió como líder indiscutible de una nueva derecha europea que toma como marco cultural las raíces cristianas de Europa.

La entrevista empieza precisamente por la cuestión de su cercanía a Vox:

Estoy impresionada por la fuerza con la que sus ideas han penetrado en la sociedad española. Es verdad que España había permanecido al margen del auge de los partidos conservadores en el resto de Europa. Pero es la tendencia. Vox ayudará a preservar España de todo lo que ya sufrimos en Francia por la cuestión migratoria -el 18% de los niños que nacen tienen un nombre árabe-, que nos ha convertido en una sociedad rota, violenta e islamizada. Acaba de salir un informe que refleja que hay 150 ciudades que ya controlan los islamistas. En España eso puede pasar en 15 años.

Como ven ustedes, la cuestión inmigratoria es fundamental para esa Europa neoconservadora de corte nacionalista. Es en lo que coinciden todos, sea el FN en Francia, Vox en España, Orban en Hungría, Salvini en Italia, AfD en Alemania,.. en algunos países suele reivindicar las raíces cristianas del continente, en otros no.

Pero vamos a lo que considero más importante de la entrevista. Lo copio entero:

¿Un conservador puede ser al mismo tiempo liberal?

Bueno, en Francia, la doctrina conservadora establecida como en otros países no existe. El conservadurismo murió como tal en la III República y esta corriente intelectual ha tomado formas diferentes en Francia: monarquismo, legitimismo católico social, gaullismo… Cuando digo que soy conservadora se trata más bien de una disposición de espíritu que de una doctrina política como tal. Es decir, frente a este culto al progreso, a pensar que las nuevas generaciones mejoran a las anteriores que proponen los progresistas, a mí me gusta aprender y transmitir nuestro poso cultural. Respecto al liberalismo, ¿a qué se refiere?. Si hablamos de liberalismo a la Montesquieu o de Tocqueville, soy liberal. Sin embargo, si nos referimos a la abolición de fronteras, desregulación, privatización de los servicios públicos, mercantilización del ser humano -como es el caso de, por ejemplo, los vientres de alquiler, la reproducción por catálogo, la eutanasia-… entonces, no soy liberal.

Habla con vehemencia, tranquila, es terriblemente educada y mide al milímetro su discurso estudiadísimo. Prosigue: «Hay que devolver a la sociedad civil el protagonismo que ha perdido. Una cosa es estar a favor de la economía de mercado y otra cosa muy distinta es la sociedad de mercado».

¿A qué se refiere en concreto?

Por ejemplo, la Manif pour tous fue una expresión de la derecha católica que había sido ignorada durante muchos años en Francia. La izquierda tiene la hegemonía cultural del espacio público y la derecha ha descuidado este tipo de batalla. Aquello fue el detonante de un movimiento de algo que va más allá, una alternativa a esa hegemonía cultural de la que hablaba antes, aunque, finalmente, la Ley de matrimonio homosexual fuese finalmente aprobada.

¿Estaría a favor de que se derogarán esas leyes?

Yo no estoy en contra de que cada uno ame a quien quiera. Pondría otro tipo de regulación que mantuviera derechos como las pensiones, las herencias. Pero el matrimonio es la base de la familia y un niño debe tener derecho a un padre y una madre. Yo soy católica y, por supuesto, eso influye mi forma de pensar políticamente. A lo que me refiero es a recuperar una serie de valores que ayuden a que esa mayoría cultural silenciosa no se achante ante la minorías, los lobbies, que se han apoderado de la democracia para hacer leyes para su beneficios. Para mí, el principio que ha de regir la sociedad es el respeto al prójimo. La preservación del ser humano de toda mercantilización es una de las grandezas de la identidad europea. Por eso fracasa la UE, porque sólo ha sido concebida como un gran mercado sin raíces.

El discurso parece contradecir la laicidad de la que se vanagloria Francia.

Y yo misma la defiendo pese a ser católica siempre que la laicidad no sea el caballo de troya del islamismo y de los que quieren atacar cualquier expresión del catolicismo.

Como ven ustedes, Marion no es esencialmente diferente de Santiago Abascal, Jaime Mayor Oreja o cualquier otro de los referentes del liberal-conservadurismo de España. No está a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo pero sí de dar a esas uniones prácticamente los mismos derechos salvo el de adopción. Dice que su fe influye en su forma de hacer política y a la vez defiende la laicidad del Estado. O sea, estamos ante la aberración de Maritain, ante la democracia-cristiana de toda la vida aunque no la llame así, ante la versión moderna del error pastoral de la Ralliement, ante el cristianismo que hace de tonto útil de un sistema que aniquiló el Reinado Social de Cristo en los reinos cristianos, que guillotinó la Cristiandad allá donde no había sido aniquilada por Lutero y sus secuaces.

La cuestión es que cuando uno acepta colaborar y formar parte un sistema por el cual las leyes vienen impuestas por las mayorías, y no por ser conformes con la ley natural y el resto de la ley divina, ha de asumir las consecuencias. Si el matrimomio, el aborto, la educación de los hijos, el papel en la sociedad tanto de la fe verdadera como de las religiones falsas, dependen de unas urnas, en las que lo mismo vale el voto del necio que del sabio, si dependen de unas masas convenientemente dirigidas por élites partitocráticas y mediáticas, entonces estamos ante el reinado de Satanás, a quien Cristo mismo llama Príncipe de este mundo. 

Lejos de mí sostener la idea de que la Cristiandad fuera equiparable, así sin más, al Reino de Dios en la tierra. Pero, a pesar del pecado, a pesar de todas sus limitaciones, era sin duda más conforme a la voluntad de Dios, a esa parte del Padrenuestro en la que rezamos “hagáse tu voluntad EN LA TIERRA como en el cielo”

Enseña San Pablo 

Y él (Cristo) os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia
Efe 2,1-2

La gran apostasía que parece estar cerca de llegar a su zénit y que contemplan nuestros ojos, empezó cuando las naciones cristianas pasaron de someterse a Cristo - y de aceptar la autoridad espiritual de la Iglesia- a someterse al príncipe de la potestad del aire y la autoridad de facto de las logias masónicas, de las sinagogas de Satanás.

Quien siendo católico crea que puede enfrentarse a ese Leviatán aceptando sus reglas, su sistema político, sus leyes, debe asumir las consecuencias. Quien siendo católico acepta que Cristo no debe reinar en todo, que a lo sumo solo puede reinar en los corazones de los creyentes, debe asumir que los estados en manos de Satanás convertirán en ilegal y perseguirán todo tipo de reinado de nuestro Señor.

Cristo, ven pronto.

Luis Fernando Pérez Bustamante