Algo sobre la mística cristiana

 

 

Todo bautizado, por la gracia del bautismo, está llamado a alcanzar, en algún grado, la participación en la vida mística, es decir, en una visión o experiencia mística de Dios. En relación con esta mística, Santo Tomás destaca dos cuestiones que no deben faltar. Por un lado la verdad del conocimiento de sí, que debe estar relacionado interiormente con el conocimiento de Dios hasta el punto de que si falta esa conexión, el hombre cae en el desaliento y hasta puede llegar a la desesperación. Por otro lado, el hecho de que el mero conocimiento sobre Dios, por la dificultad que implica, puede conducir a la soberbia. Por eso el hombre en su interior conoce la bondad de Dios y de este modo puede tener un verdadero conocimiento de su limitación y de su indigencia frente a Él. En su interior, el hombre puede verse a sí mismo con los ojos de Dios que es la bondad infinita, y de este modo no perder la paz al percatarse de su propia precariedad.

 

Santo Tomás nos recuerda que:

 “Dios ama todo cuanto existe. Todo lo que existe, en cuanto es, ya que el ser de cada cosa es un cierto bien, como lo es cualquiera de sus perfecciones […] la voluntad de Dios es causa de todo. Luego en tanto un ente tiene de algún modo el ser u otro bien, en cuanto es querido por Dios. Por consiguiente, Dios quiere algún bien para cada uno de los entes existentes. Por eso, como amar es precisamente querer el bien para el otro, síguese que Dios ama todo lo que existe”.[1]

En Santo Tomás, en la propia interioridad, el conocimiento del amor de Dios es anterior al conocimiento de su bondad. Pero si consideramos los atributos divinos en sí mismos, es evidente que primero es la bondad divina y luego, el amor de Dios. De modo que en otra parte dice Santo Tomás:

“Sin embargo, no ama como nosotros lo hacemos. Pues como nuestra voluntad no causa la bondad de las cosas, sino que es movida por ella como por el objeto, nuestro amor, por el que queremos el bien para alguien no causa su bondad. Sino que sucede al revés, es decir, su bondad real o aparente, provoca el amor por el que queremos conserve el bien que posee y alcance el que aún no tiene y en ello ponemos nuestro empeño. En cambio, el de Dios es un amor que crea e infunde y crea bondad en las cosas.”[2]

Para Santo Tomás la mística muestra la comunicación entre el ser que las creaturas recibimos y la profunda humildad, en la autoconciencia humana que se percata de ese ser recibido. La noción de participar, o de poseer en parte lo que otro posee de una manera plena, aplicada a la creación, explica que Dios se conciba como el mismo Ser y las creaturas como participantes del Ser de Dios.[3]

Por todo esto, en el diálogo con Dios, el autoconocimiento no es meramente teórico, porque lleva a la humildad profunda y fundamental, conduce a la realidad negativa de la creatura, que le vacía de los errores de la vanidad y de la soberbia. Sin embargo, esta virtud a su vez permite que se establezca la virtud positiva de la caridad o amor, que llena este vacío, y puede cimentar todas las demás virtudes. El amor permite a la creatura racional penetrar en el misterio de Cristo encarnado con su misión redentora. Este amor se da de Dios hacia el hombre y del hombre hacia Dios. Aunque para que esto se lleve a cabo es necesario que el hombre la acepte la gracia, conseguida por Cristo, para poder ascender hacia Dios.

Por último dice Santo Tomás que del amor a Dios se sigue el amor al prójimo deseándole su bien. De este modo en Santo Tomás quedan unidos los dos fundamentos de la vida cristiana: la humildad y la caridad que devuelve la rectitud a la razón, para que impere sobre las facultades transformando en amor el odio que procede de desorden del prójimo y haciendo que ese odio se dirija contra uno mismo que también es pecador. De este modo la persona acaba por no ver el mal en el prójimo.

Por otra parte, la ley de nuestras potencias naturales que hace que las potencias superiores (inteligencia y voluntad) y las inferiores (sensitivas y vegetativas) estén conectadas, es la que impide la contemplación directa de Dios. Y esta contemplación del orden que debe haber entre las potencias sólo es posible con la desconexión de las potencias naturales superiores e inferiores. De manera que “la mente que ve la sustancia divina está desligada totalmente de los sentidos corporales, o por la muerte o por una especie de rapto. Por lo cual Santo Tomás alude a lo que se dice en nombre de Dios en el Éxodo: no puede verme el hombre y vivir (Ex 33, 20), y lo que se dice en la Sagrada Escritura que algunos vieron a Dios, se ha de entender que fue, o por visión imaginaria, es decir, en cuanto que se demostraba la presencia del poder divino por algunas especies corpóreas presentes al exterior o formadas interiormente en la imaginación; o también que algunos percibieron cierto conocimiento intelectual de Dios por sus efectos espirituales”.[4]

Para Santo Tomás en esta vida no es posible la contemplación directa de la esencia divina, la visión beatífica, o la visión facial de la misma esencia de Dios, que constituye la eterna felicidad en el cielo para toda creatura. Sólo Cristo, por ser Hijo de Dios, tuvo una habitual y permanente visión beatífica en todos los instantes de su permanencia en este mundo. Santo Tomás, únicamente admite, siguiendo a San Agustín, que, por un milagro extraordinario, se permitió una visión transitoria a Moisés y a San Pablo, en un estado de rapto o arrobamiento. La visión beatífica no es, por tanto, el último grado de la contemplación infusa en esta vida, pero todos los grados de esta contemplación mística, siempre basados en la fe, están ordenados a ella. Si se compara la visión mística con la beatífica y su claridad, puede decirse que la visión en esta vida es tiniebla en comparación con la que el alma tiene separada del cuerpo.[5]

Es por demás sabido que la vida de santo Tomás fue oración en un sentido sobrenatural. La oración para él, es como una elevación de la mente a Dios para adorarle y pedirle cosas convenientes. Al respecto dice:

“Tres cosas se requieren para la oración. La primera es que el que ora se acerque de algún modo a Dios, a quien ora. Esto es lo que da a entender el significado de la palabra oración, que es elevación del espíritu a Dios (San Juan Damasceno, exposición correcta de la fe ortodoxa, 1, III, c.24). En segundo lugar se requiere pedir algo, lo cual se da a entender en la palabra postulación, sea que se distinga de la petición de algo determinado, que sería la propiamente llamada postulación (Hugo de san Víctor, De modo orando, c. 2); o bien la petición de algo indeterminado, como la ayuda de Dios, y esto sería la súplica; o, finalmente, cuando nos limitamos a exponer un hecho […] En tercer lugar, hace falta alguna razón para alcanzar lo que se pide. Esta razón es necesaria por parte de Dios y del que ora. Por parte de Dios, es su santidad la que nos sirve de razón para ser atendida […] Por parte del hombre, es la acción de gracias la razón para alcanzar lo que se pide”[6]

“La providencia divina no se limita a disponer la producción de tal o cual efecto, sino que también fija de qué causas se ha de originar y en qué orden. Ahora bien, entre muchas causas existentes, una de ellas son los actos humanos. Si los hombres, por tanto, son causas de algo, esto no quiere decir que sus actos inmuten la disposición divina sino que, al hacer tal cosa, ejecutan un efecto que está de antemano dispuesto por Dios. Esto sucede aun en las causas naturales. Y no de otro modo en la oración. Nuestra oración no tiende a cambiar la disposición divina, sino a obtener todo aquello que Dios tenía dispuesto a conceder por las oraciones de los santos, es decir, que con nuestra petición merecemos recibir lo que Dios desde toda la eternidad tenía pensado darnos […].”[7]

Santo Tomás insiste en que gracias a la oración se ejercita la humildad del hombre, reconociendo su dependencia de Dios, y de este modo, el hombre puede expresarle su agradecimiento. También de la oración procede la confianza en Dios y sobre todo el poder tener familiaridad con Él. Por esto Santo Tomás cita a Crisóstomo diciendo: “Considera que gran felicidad se te ha concedido y que gran gloria es la tuya: hablar con Dios por la oración, conversar con Cristo, solicitar lo que quieres, pedir lo que deseas.[8]

La oración de santo Tomás tenía más intensidad en la misa que celebraba cada día. Actualmente se conservan dos oraciones de santo Tomás de acción de gracias para después de la comunión, en donde dicen los biógrafos que su plegaria alcanzaba la cota más alta.

“Gracias te doy, Señor santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, porque te has dignado apacentarme a mí pecador, indigno hijo tuyo, sin mérito alguno de mi parte, sólo por tu pura misericordia, con el precioso cuerpo y la preciosa sangre de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.

Ruégote que esta santa comunión no sea para mi alma ocasión de castigo, sino título saludable de perdón. Ella me sea armadura de Fe, escudo de buena voluntad. Ella sea defensa firme contra las asechanzas de todos mis enemigos visibles e invisibles, apaciguamiento perfecto de mi carne y de mi espíritu, firmísima adhesión a ti, solo Dios verdadero, y feliz consumación de mi carrera. Y te ruego tengas a bien llevarme, a mí pecador, al convite inefable en que con tu Hijo y el Espíritu Santo eres para tus santos luz verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable, dicha completa y felicidad perfecta. Por el mismo Jesucristo Señor Nuestro amén.”[9]

Su oración más extensa fue dedicada a la Virgen María con el título de Madre de Dios, a la que se encomienda totalmente pidiendo posteriormente, el cumplimiento de los tres consejos evangélicos. Pide la gracia para hacer el bien y resistir el mal, al que se le ataca con las obras buenas.

En suma, la mística de Santo Tomás nos enseña que la caridad va acompañada del temor filial y de la gratitud a Dios al que hay que pedir con humildad en la oración que nos de su gracia inmerecida y totalmente gratuita para perseverar hasta el final. Santo Tomás añade que las dificultades y los enemigos del cristiano requieren siempre de un auxilio especial de Dios.



[1] Aquino, Tomás de. S.Th., I, q.20, a.2, c.

[2] Ibidem.

[3] Cfr. Aquino Tomás de. S. Th., q. 44 a.1, c.

[4] C.G. III 47.

[5] Cfr. Forment, Eudaldo. Santo Tomás de Aquino. Su vida, su obra y su época. Ed. B.A.C. Madrid, 2009, pp. 417 y 418.

[6] Aquino, Tomás de. S.Th., II, q.83, a.17, c.

[7] Idem., a.2, c.

[8] Idem., a.2, ad. 3.

[9] Se encuentra en el Proceso de canonización LXXXVI, Bartolomé de Capua.

4 comentarios

  
Catholicus
Muy bueno, gracias !. Animo a profundizar en el tema de la oración y la correcta disposición espiritual según Sto. Tomás.

Creo que cierto newagismo espiritual se está colando entre los cristianos sutilmente.
04/12/15 12:53 AM
  
antonio
! en el diálogo con Dios, el autoconocimiento no es meramente teórico, porque lleva a la humildad profunda y fundamental, conduce a la realidad negativa de la creatura, que le vacía de los errores de la vanidad y de la soberbia. Sin embargo, esta virtud a su vez permite que se establezca la virtud positiva de la caridad o amor, que llena este vacío, y puede cimentar todas las demás virtudes. El amor permite a la creatura racional penetrar en el misterio de Cristo encarnado con su misión redentora.!
Todo Santo Tomás añade que las dificultades y los enemigos del cristiano requieren siempre de un auxilio especial de Dios. el post es muy profundo y real, y esto último practico.

Que la Resantisima Virgén Maria, Nuestra Señora de Guadalupe, ruegue por usted ,y la Iglesia.

Muchas Gracias.Descendientes de Cristeros!!!!
06/12/15 1:20 AM
  
antonio
Y colega ehhh!!!


Que Dios lo bendiga!!!
06/12/15 1:21 AM
  
Tulkas
Una verdadera lástima que las oraciones de san Ambrosio y de santo Tomás hayan sido excluídas del misal, al igual que todas las preces ante Missam.
La consecuencia es que han caído en el olvido.

Como tantas otras cosas.

Por ejemplo en Adviento la tontería esa de las velitas y la corona (me da igual que venga en el Bendicional, no pr eso es una tontería) sustituye al Introito (y qué maravillosos son los introitos de Adviento) así como al Confiteor y al Kyrie. Una pena.

Y con respecto al post: cuanto más se hable de la oración, mejor.

Parece que en mi parroquia se va a restaurar la oración de Vísperas algunos dïas de diario. Es muy para dar gracias a Dios.

Debe de ser al menos pecado venial, pero recnozco que prefiero la salmodia de Vísperas reformada que la del Breviarium.
06/12/15 11:51 AM

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