InfoCatólica / Caritas in Veritate / Categoría: Misericordia

1.04.15

(79) Judas, el Desesperado (de Sto.Tomás Moro: "La Agonía de Cristo" IV )

“Qué digna de compasión es esta tenebrosidad de la débil y mortal condición humana que a menudo tiembla de miedo y se perturba tumultuosamente mientras ignora estar completamente a salvo; y otras veces, en cambio, se comporta como si nada le preocupara, segura de todo peligro, y del todo inconsciente de que una espada mortal pende sobre su cabeza (…) A Cristo clementísimo se ha de pedir por uno mismo y por los demás para no imitar a Judas en su obcecación frenética, y poder así aceptar la gracia que Dios ofrece para ser restaurados de nuevo por la penitencia y por la misericordia a la gloria.”

entregajudas

Creo que nunca se meditará lo suficiente sobre el insondable misterio de la libertad humana, y las increíbles respuestas que podemos dar a la gracia divina. Hace un tiempo, un sacerdote muy querido nos decía apremiante: “¡tenemos el tristísimo privilegio de “inutilizar” la gracia, rechazándola voluntariamente!”. Y lo más triste es que quienes la rechazan, creen que lo hacen so capa de libertad, cuando el Hombre más libre, por el contrario, fue el Obediente por antonomasia.

El pasaje de la entrega voluntaria de Cristo a sus perseguidores, por amor a nosotros, merece más y más atención en este tiempo, sobre todo cuando se cierne sobre muchos la tentación más siniestra –por ser la mejor camuflada bajo aspecto de celo-, más luciferina, que es la Desesperación.

Judas ha pasado a la historia como el Traidor, y sin embargo, ¿acaso no fue traición también la de Pedro, cuando lo negó?…Pero San Pedro regresó arrepentido. ¿No tendríamos que designar más propiamente entonces, a Judas como el Desesperado? Qué paradójico resulta que quienes no son capaces de desconfiar de sí mismos en su obcecación, son quienes en cambio, desconfían en el último instante de la misericordia divina.

¿Imploramos suficientemente por la conversión los traidores, con tanto apremio como los demonios trabajan por la caída de los más fieles? Dios quiera darnos un corazón lúcido como el de  Sto. Tomás Moro en esta Semana, para hacerlo sincera y fervorosamente.

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28.03.15

(77) Apóstoles dormidos ante la voluntad del Padre (de Sto.Tomás Moro: "La Agonía de Cristo", II)

Sugeríamos uno de los libros más oportunos y fecundos para Cuaresma, y ya casi a las puertas de Semana Santa: “La agonía de Cristo”, de Sto. Tomás Moro. 

Decíamos que nos parece de una vigorosa actualidad para rogarle nos alcance a todos los bautizados, fidelidad al Evangelio a toda costa, sin ceder a componendas fáciles con el mundo, cada día más tentador.

En esta presentación que sintetizamos, Sto. Tomás Moro -en espera de su martirio- medita sobre nuestra pereza en la oración (imprescindible para la fidelidad), que es de alguna manera una resistencia ante la voluntad del Padre.

Vemos también que el Buen Pastor no nos ofrece mejor gesto de misericordia que insistir a sus apóstoles que se despierten; les insiste en la vigilancia, y no arrulla su sueño con cantos de sirenas…

¡No permitas, Señor, que nos durmamos, y despiértanos del modo más eficaz que creas necesario!  ¡Despierta, Señor, a nuestros pastores, cuando el rebaño corre peligro!

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11.03.15

(72) De la tranquilidad de conciencia, y el “mínimo indispensable”

“Nos puso frente al hecho de la santidad.Simplemente porque nos amaba, porque su experiencia nos era próxima. Nos hizo conocer los santos y los místicos, al punto que no podía leerlos sin llorar.

Cuántas veces él nos leía, con la vista nublada de lágrimas, páginas de Santa Ángela de Foligno,en la hermosa traducción de Ernest Hello: “No es para la risa que yo te haya amado”, sentíamos que estas palabras de Dios a Santa Ángela, Leon Bloy las había experimentado él mismo.”

(Raissa Maritain, “Las Grandes Amistades”)

Leon BloyAlgunos católicos tenemos un gran afecto por el padrino de los Maritain, y solemos volver a él cada tanto, buscando un alma noble donde recostar la nuestra. Así encontré hoy una interesante reflexión que serviría a un sacerdote conocido, especialmente en lo referido a la santidad, palabra que él se gloría de no mencionar nunca a sus feligreses, “para no agobiarlos” (sic). Posiblemente él sea también un caluroso entusiasta de esas declaraciones del p. Secondin que a otros nos escandalizaban: “Los viejos modelos de santidad siguen teniendo todavía espacio y suscitando atención, sobre todo a través de las numerosas beatificaciones y canonizaciones de personas que vivieron en otro universo cultural y en otro modelo de Iglesia. Pero no suscitan interés en empeñarse por seguir este camino…”

Y aunque ya se haya comentado el tema en este portal con subrada lucidez, creo que es necesario insistir en ello, porque en esa breve cita se condensa, a mi juicio, uno de los tumores más cancerígenos que aquejan a algunos miembros de la Iglesia.

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5.03.15

(71) La Sma. Virgen y la "nueva" moral sexual

MaterdolorosaLlama la atención que muchos que se dicen hijos de la Iglesia, estén prontos para ofrecer incienso a los dictados del mundo, pero sean tan reacios a prestar sus oídos a la Madre de Dios, figura y modelo de la Iglesia.

Invito a los lectores a hacer la prueba entre sus conocidos “piadosos cómodos", y verán que ante los nuevos vientos de doctrina se muestran indulgentes, o al menos no osan decir ni pío, porque han oído alguna declaración de aquí y allá, y se les ha dicho que la Iglesia está considerando el “amoldarse a los tiempos".

El caso de las Universidades de Boston y de Notre Dame, es sólo un fruto maduro de la raíz venenosa que hace rato viene pudriendo una parte considerable de sarmientos, que tarde o temprano demostrarán haberse separado de la Vid verdadera, cuando llegue la Siega. Algunos de estos personajes (laicos, sacerdotes, obispos), no obstante, seguramente intercalan a veces el nombre de María Santísima como una “contraseña” o pantalla que les hace pasar como confiables (aún ante su propia conciencia), y hasta llevan tal vez alguna medalla al cuello.

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2.02.15

(70) Identidad y misión profética de la vida consagrada

PresentacTemplo     En la fiesta de la Candelaria de este Año dedicado a la vida consagrada, queremos dirigir nuestra mirada y corazón a las múltiples formas con que la Providencia ha adornado y fortalecido a su Iglesia llamando de modo particular a ciertos hombres y mujeres para ser puentes privilegiados entre Dios y las almas.

Lamentamos que en medio de la confusión y hostilidad del mundo, en vez de revalorizar, agradecer y fomentar más que nunca las vocaciones a la vida consagrada, ésta sea a menudo soslayada o silenciada por algunos, pretendiendo que su eficacia está precisamente en la pérdida o “disimulo” de su naturaleza específica. Con la excusa de comprender e impregnar mejor las realidades temporales, hemos visto que  lo que se ha logrado, en cambio, es que se salpique de mundo todo lo sagrado, como si ésto debiera vivirse con culpa…

No podemos imaginar el desconcierto y angustia que produce a los jóvenes toparse con guías espirituales (ya sean sacerdotes o catequistas) a los que plantean confiados sus inquietudes vocacionales, y aquellos les salen con que primero “vivan la vida", terminen sus estudios, busquen un trabajo…como si se tratara de una enfermedad que deba evitarse. Luego, “si persisten los síntomas” y se vea que son incurables, ya se verá…¿es esto tener idea de los dones de Dios, que todos debemos cuidar para el bien común de su Iglesia? ¡Con lo maravilloso que es el espectáculo de la obra de Dios, y que la flor sea flor, el cielo esté arriba, la tierra debajo, y que cada uno responda al ser que se le ha dado como tesoro!

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