InfoCatólica / Caritas in Veritate / Categoría: Martirio

16.09.15

(96) Nuestra Señora de las Lágrimas

DolorosaUna y otra vez, cuando miramos a nuestro alrededor y nos oprimen el pecho muchas situaciones desgraciadas, muchas tormentas y desvíos, muchas cruces que se alzan en lo alto del Calvario de la Iglesia, surge la misma pregunta: ¿qué hacer?… gritar, llorar, correr… Las respuestas serán variadas, según lo que Dios haya dado a cada uno, pero hay una actitud que es irrenunciable, porque Nuestra Señora nos la señala, inquebrantable:

Estaba la Dolorosa

Junto al leño de la Cruz,

¡Qué alta palabra de luz!,

¡Qué manera tan graciosa

De enseñarnos la preciosa

Lección del callar doliente!

Tronaba el cielo rugiente,

La tierra se estremecía.

Bramaba el agua…María

Estaba, sencillamente.

(J. María Pemán)

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19.04.15

(81) Pedro ante la captura de Nuestro Señor (de Sto.Tomás Moro: "La Agonía de Cristo"- V )

Aunque transitando ya el luminoso tiempo pascual, proseguimos la serie de posts dedicados a esta obra del santo mártir patrono de los políticos católicos, considerando que en su minucioso análisis, nos brinda muy oportunas reflexiones para toda época, en el constante combate de los discípulos de Cristo contra el espíritu del mundo y de las tinieblas. Hoy, como ayer, este combate puede tomar la forma de la herejía, el cisma, y el ataque de los paganos, al amparo del viejo Israel.

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JJoaquindarocha MalcoII. SOBRE LA OREJA SAJADA DE MALCO,

LA FUGA DE LOS DISCÍPULOS Y LA CAPTURA DE CRISTO.

Furia y celo de Pedro

Desde mucho tiempo antes hablan los Apóstoles escuchado a Cristo predecir las cosas que ahora ven acontecer. Aun afectados por la tristeza y la pena, recibieron entonces todo aquello con mucha menos preocupación que ahora, cuando ven ocurrir todas aquellas cosas delante de sus propios ojos. Al ver que una cohorte entera de soldados buscaba a Jesús -Nazareno, no quedaba ya lugar para la duda o la ambigüedad: le buscaban para hacerle prisionero. Al sospechar lo que se avecinaba fueron sus ánimos abatidos e inundados por un tumulto de sentimientos. De un lado, solicitud y preocupación por su Señor., al que tanto amaban; pero, también, miedo y temor por lo que pudiera ocurrirles a ellos mismos. De otro lado, debieron sentir vergüenza al recordar aquella magnífica promesa suya de morir antes que abandonar al Maestro. A todos estos estados de ánimo seguían impulsos varios, porque, si su amor les llevaba a quedarse, el miedo les hacia no permanecer, el temor a la muerte les movía a huir, y la vergüenza por lo que habían prometido les inclinaba a resistir y no ceder.

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30.03.15

(78) La conspiración del Traidor y la pereza de los Apóstoles -hoy como ayer- (de Sto.Tomás Moro: "La Agonía de Cristo", III )

“¿No es este contraste entre el traidor y los Apóstoles como una imagen especular, y no menos clara que triste y terrible, de lo que ha ocurrido a través de los siglos, desde aquellos tiempos hasta nuestros días? ¿Por qué no contemplan los obispos, en esta escena, su propia somnolencia? Han sucedido a los Apóstoles en el cargo, ¡ojalá reprodujeran sus virtudes con la misma gana y deseo con que abrazan su autoridad! ¡Ojalá les imitaran en lo otro con la fidelidad con que imitan su somnolencia! Pues son muchos los que se duermen en la tarea de sembrar virtudes entre la gente y mantener la verdadera doctrina, mientras que los enemigos de Cristo, con objeto de sembrar el vicio y desarraigar la fe (en la medida en que pueden prender de nuevo a Cristo y crucificarlo otra vez), se mantienen bien despiertos. Con razón dice Cristo que los hijos de las tinieblas son mucho más astutos que los hijos de la luz.”

agonhuerto

En los párrafos que presentamos en esta III selección de la Agonía de Cristo, de Sto. Tomás Moro, comprobamos una vez más la tremenda actualidad de las palabras de los santos, ya que muchas iluminan poderosamente la situación presente de la Iglesia.  Sabemos que a través de la historia, el avance de todo enemigo se produce en proporción al retroceso o pasividad de los “amigos”. Y es fácil echar la culpa, como Eva, a las insinuaciones de la serpiente, pero sabemos que no hay pecado si no abrimos antes la “puerta interna” de nuestra voluntad libre. Del mismo modo, como Iglesia, es oportuno repasar el mayor o menor grado de “complicidad” que cada miembro tiene en el avance del pecado a nuestro alrededor, porque no hemos sido suficientemente sal y luz del mundo, dejándolo en tinieblas, abriendo las “rendijas” para que todo se llene de humo…

Así deben haber hecho también los que en el Domingo de Ramos recibían con palmas a Quien el viernes pedirían crucifixión. Porque nuestra fidelidad puede ser como hoja que se lleva el viento, cuando no somos dóciles a la gracia de Dios.

Y ya que estamos en tiempos de un más profundo examen de conciencia, esperamos filialmente que  nuestros pastores también lo hagan, viendo el hambre y desamparo espiritual en que andan muchos fieles, esperando que algunos de ellos terminen de una vez su siesta.

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28.03.15

(77) Apóstoles dormidos ante la voluntad del Padre (de Sto.Tomás Moro: "La Agonía de Cristo", II)

Sugeríamos uno de los libros más oportunos y fecundos para Cuaresma, y ya casi a las puertas de Semana Santa: “La agonía de Cristo”, de Sto. Tomás Moro. 

Decíamos que nos parece de una vigorosa actualidad para rogarle nos alcance a todos los bautizados, fidelidad al Evangelio a toda costa, sin ceder a componendas fáciles con el mundo, cada día más tentador.

En esta presentación que sintetizamos, Sto. Tomás Moro -en espera de su martirio- medita sobre nuestra pereza en la oración (imprescindible para la fidelidad), que es de alguna manera una resistencia ante la voluntad del Padre.

Vemos también que el Buen Pastor no nos ofrece mejor gesto de misericordia que insistir a sus apóstoles que se despierten; les insiste en la vigilancia, y no arrulla su sueño con cantos de sirenas…

¡No permitas, Señor, que nos durmamos, y despiértanos del modo más eficaz que creas necesario!  ¡Despierta, Señor, a nuestros pastores, cuando el rebaño corre peligro!

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26.03.15

(76) Sobre la tristeza, el miedo y la oración (de Sto. Tomás Moro: "La Agonía de Cristo", I )

stomMoro Uno de los libros más oportunos y fecundos para el tiempo de Cuaresma es sin duda, “La Agonía de Cristo", de Sto. Tomás Moro. Teniendo en cuenta que se trata de un laico, y además, patrono de los políticos católicos, creo que en esta hora que vivimos es de una vigorosa actualidad para prestarle oídos más atentos y rogarle nos alcance fidelidad al Evangelio a toda costa, sin ceder a componendas fáciles con el mundo.

Quién sabe por qué aires “primaverales", lo cierto es que a menudo vemos a nuestro alrededor a algunos cristianos muy desanimados, atemorizados, atenazados por la tentación de bajar los brazos y dejar de remar contra corriente, para dejarse arrastrar o salir corriendo…Y es muy conveniente que no perdamos jamás de vista que el mismo Jesucristo ha sufrido primero -antes de consumar la entrega que fue nuestra Victoria-  el temor y el cansancio por el abandono y la traición.

Personalmente, en las prédicas del Jueves Santo echo siempre de menos unas palabras sobre la Agonía de Cristo.  Al menos en mi experiencia, normalmente he notado que las predicas de ese día se centran en el lavatorio de los pies y el servicio al prójimo (incluso sin mucho detenimiento en la institución de la Eucaristía y el Sacerdocio, pues eso lo dejan seguramente para la misa crismal, pero a la que no asiste todo el pueblo…), y el Viernes contemplamos el sufrimiento físico de Cristo, como si la Pasión comenzara en el Via Crucis.

Pero lo cierto es que -a excepción del I Misterio Doloroso del Rosario- tal vez no tenemos suficientemente presente el dolor infinito del alma de Nuestro Señor, en el tiempo previo a su captura. Por eso, la detenida meditación que realiza Sto.Tomás Moro, mientras él mismo espera su muerte en la torre de Londres, se halla en perfecta “sintonía” espiritual para interpretarla viviéndola en carne propia. ¿Cuántos hermanos nuestros están hoy también viviendo similares situaciones, sobre todo en Oriente?…Podríamos leer estas líneas pensando en ellos, y pidiendo que, en la Comunión de los Santos, reciban nuestro consuelo y se fortalezca su fidelidad.

Esperando entonces que a nuestros lectores les haga tanto bien como a mí, compartiré en dos o tres partes, una selección de este texto, que pueden también hallar completo aquí.

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