(40) Beato Rolando Rivi, el "niño mártir de la sotana"

“A quien me confesare delante de los hombres…”(Lc.12,8)

RRivi

Quien ingrese en la iglesia de San Valentino di  Castellanaro,  podrá encontrar la tumba de Rolando Rivi, muerto a los 14 años asesinado por odio a la fe en 1945, a manos de un grupo de partisanos “luchadores por la libertad” (en Argentina los llamarían “jóvenes idealistas"). Sobre su lápida, está la inscripción Io sono di Gesù: una frase que él repetía muy frecuentemente.  Para él, la vestimenta talar era signo elocuente de aquella pertenencia proclamada y vivida, por eso ante la sugerencia de disimularlo cuando arrecia el peligro de la persecución, responde: «No hago daño a nadie, y no veo por qué iba a quitarme la sotana, signo de mi consagración a Jesús».

Tuve la primera noticia de Rolando (“el niño mártir de la sotana”, como se lo conoce popularmente) cuando en los primeros días de su pontificado, el Papa Francisco anunció su cercana beatificación, y al poco tiempo llegó a nuestras manos su biografía italiana, a cargo de Pablo Risso. A través de sus líneas, hemos cobrado una sincera devoción al heroico niño, seguros de que era preciso propagar su ejemplo, de una tremenda actualidad, y por ello encaramos su traducción. Así, este Pentecostés nos ha traído la alegría de haberla ingresado en imprenta, convencidos de que animará a muchos católicos a la esperanza con su breve y luminosa vida.

- Actualidad del “sí-sí”, “no-no”. Decimos que Rolando Rivi es por una parte, actual como todos los mártires, cuya sangre es un verdadero “grito” que da testimonio de la Cruz de Cristo como bandera de victoria, en medio de tantas vidas sin sentido.Sin sentido porque se le ha dado la espalda a Dios, pretendiendo neciamente destronar a Cristo Rey.

Pero es también actual y elocuente de una manera especial hoy, en que la “asepsia” laicista ha convencido a muchos católicos de que todo es pasible de ser negociado, hasta la propia fe, y de que todo debe ser tolerado, hasta la blasfemia, y el dar la vida apenas despuntada la juventud, por la aparente “nimiedad” de la vestimenta sacerdotal, a muchos puede parecer un inútil sinsentido.

Es oportuno conocerlo, en una época en que más allá de todo peligro, lo que amedrenta a muchas almas es la pura apariencia, y el respeto humano va llevando insensiblemente a algunos -laicos y consagrados-  a desdibujar su definición de católicos, buscando disimular todo lo posible los gestos, palabras y signos que hagan referencia a su propia identidad, hasta mimetizarse con el mundo para lograr su aplauso o al menos evitar su rechazo. Hoy, entonces, el sencillo y humilde orgullo de “ser de Jesús” de Rolando, sacude las conciencias de los hijos de la Iglesia (¡jamás huérfanos!), actualizando las palabras del Evangelio que nos sirven de epígrafe.

Porque Rolando pudo haber “disimulado” su condición de seminarista –nunca llegó a ser ordenado sacerdote- y salvar su vida sin que esto significara pecado o falta alguna. Pero prefirió el martirio por confesar sin rodeos su pertenencia absoluta a Cristo no sólo con su palabra sino con su sola presencia, en su humilde y sencilla sotana, de la que no quiso desprenderse pese al peligro que ello le acarreaba.

No obstante, su apego decidido a ella no debe ser leído –y esto es oportuno aclararlo- como un gesto de desafío, de arrogancia o de imprudencia, sino al contrario, como una lógica coherente de la pura y “desnuda” verdad, expuesta en su réplica a quienes tratan de disuadirlo de llevarla: “No puedo quitármela. No tengo miedo, estoy orgulloso de ello. No lo puedo ocultar: Yo soy del Señor”(cf. Positio, p.VIII). Y esta actitud decidida es un rotundo cachetazo, imperdonable, para el comunismo ateo y sus fiebres revolucionarias, y también para el laicismo liberal, porque pone en evidencia su miseria y su límite, su soledad radical; su “no pertenencia” a nadie, en medio de las proclamas apoteóticas de la masa en desmedro del hombre. Esa pertenencia incondicional a Jesucristo rubricada con la sangre, es un verdadero “jaque mate” a todo el que pretenda convencer al hombre de su pertenencia a una realidad meramente temporal, y a quien creyéndose único amo de sí mismo, en el fondo no se ve sino como un paria ante la nada que lo asfixia.

Habrá que comprender entonces la actualidad del llamado de S.S. Benedicto XVI (21-11-2012) a que los sacerdotes vistan con el hábito talar o clegyman que les corresponde, conforme a la disciplina de la Iglesia. San Juan Pablo II, señalaba asimismo que la vestimenta eclesiástica “contribuye al decoro del sacerdote en su comportamiento externo o en el ejercicio de su ministerio (y) evidencia en el seno de la comunidad eclesiástica el testimonio público que cada sacerdote debe dar de la propia identidad y especial pertenencia a Dios”. Y el Papa precisa luego allí que “este signo expresa concretamente nuestro ‘no ser del mundo’” (Jn. 14). En nuestro mundo “el hábito eclesiástico, como el religioso, tiene un particular significado: para el sacerdote diocesano tiene principalmente el carácter de signo, que lo distingue del ambiente secular en el que vive, para el religioso y para la religiosa expresa también el carácter de consagración y pone en evidencia el fin escatológico de la vida religiosa. (…) Por medio de tal signo, es más fácil para los otros llegar al Misterio, del cual somos portadores, al que pertenecemos y que con todo nuestro ser queremos anunciar”. Teniendo en cuenta las motivaciones contrarias a su uso, señala que confrontadas “objetivamente y serenamente con el sentido religioso y con las esperanzas de la mayor parte del Pueblo de Dios y con el fruto positivo del valeroso testimonio también del hábito, aparecen mucho más como de carácter puramente humano que eclesiológico”.

Habrá que admitir entonces, que si los lobos odian tanto la vestimenta del Pastor, será tal vez porque es algo que beneficia a las ovejas. Es un hecho que la grey sencilla ama, reconoce y agradece los gestos claros y elocuentes –la vestimenta talar es uno de ellos- que distinguen a su Pastor de cualquier “asalariado”.

¿Y los laicos? Sin duda deberíamos considerar hasta qué punto, quienes no tenemos una vestimenta determinada como los consagrados que nos identifique como cristianos, tendríamos que mostrar más elocuentemente con nuestros gestos, obras, costumbres y palabras nuestra pertenencia a Cristo, resistiendo las esclavitudes del mundo, entre las cuales la moda no es una de las menores, sobre todo entre los más jóvenes.

-El apostolado de la coherencia. Otro elemento que queremos destacar aquí, es la definición de Rolando, no ya en los signos, sino en su propio carácter apostólico, “imantado”, que fue percibido -como consta de boca de sus propios captores, en las actas de su proceso- como peligroso debido al ascendente que ejercía sobre los otros muchachos del pueblo. Porque lógicamente, el fuego incendia lo que toca, comunica su ardor, mientras que la tibieza inspira siempre rechazo, y por estéril sólo merece el vómito divino (Ap.3, 16). Rolando poseía la fuerza interna de conquista que da la coherencia, y es ese el gran imán para los jóvenes. Según recuerdan sus compañeros por aquellos días, el joven los animaba asegurándoles que “un día, con la ayuda de Dios, seremos sacerdotes. Yo seré misionero. Quiero llevar a Jesús a quienes no le conocen”.“Nuestro deber como sacerdotes es rezar mucho y salvar almas para llevarlas al paraíso”, les decía.

No fue un gran “teólogo", no dio largos discursos ni escribió libros…pero como con la joven Patrona de las Misiones -Sta. Teresa del Niño Jesús- uno no deja de pensar, ante su vida, hasta qué punto la posibilidad de santidad está “a la vuelta de la esquina” si se es perfectamente fiel a lo pequeño, si se es fiel a lo más elemental que es el respeto a la propia identidad, el “deber de estado", mi “aquí y ahora". Lo mismo sucede ante Santa Gianna Beretta Molla, por ejemplo. ¿Qué es lo primero que debe tener claro un sacerdote? Ser definido como tal, y llevar almas a Cristo. ¿Qué se espera de una madre? Que cuide la vida de sus hijos -nacidos o no, es lo de menos-. Hace unos meses, una joven neo-conversa me decía con gran lucidez: “Me he dado cuenta de que ser católico ‘en serio’ en realidad es sencillo, porque siempre volvemos a lo mismo…se trata de no apartarse de dos o tres cosas elementales, sin dar tantas vueltas, porque Dios y la Iglesia son claros…”

¡Qué gracia es descubrir esto cuando se es aún joven, y el Señor nos regala tanto para sembrar…!

- El tesoro de un padre espiritual. Rolando también era joven, y había abrevado de la fuente cristalina, pura, que a su vez había sido don Olinto, su párroco, el sacerdote ejemplar que sembró en su alma el ideal de la vocación sacerdotal. ¡Benditos sean los sacerdotes íntegros, por el milagro renovado que obran en el alma de los niños y los jóvenes! Rolando sentía gran admiración por su párroco: “¡Qué hermoso ser como él! ¡Celebrar misa con Jesús en mis manos, llevar el alma de Jesús…!". Sobre todo a través de la confesión frecuente, Don Olinto fue moldeando el alma ardiente de aquel niño que jugaba más entusiasta que ninguno, y luego permanecía absorto durante la Misa. Con esa devoción, el 10 de abril de 1945 tocó el órgano y acompañó al coro en la misa solemne, y al terminar recogió sus cosas y, ataviado con su inseparable sotana, atravesó el bosque camino a su hogar, adonde nunca llegó.

¡Si se pudieran contar las vidas malogradas, las vocaciones truncas y las alegrías frustradas que se suceden ante los sacerdotes que no tienen suficiente conciencia del tesoro que es para las almas el sacramento de la Confesión! Sin duda es este sacramento -tal como lo viera San Juan Bosco- la “trinchera” privilegiada de la lucha que Satanás sostiene con la Iglesia de Cristo.

Sería oportuno, a quienes profesan hoy la papolatría en los gestos más personales del Papa, recordarles que uno de los primeros mensajes de su pontificado fue señalando en dirección al confesionario, rincón luminoso por excelencia: “Caminar en la oscuridad significa estar satisfecho consigo mismo. Estar convencidos de no necesitar salvación. ¡Esas son las tinieblas!".

Por eso, la falsificación de la misericordia que hoy tan frecuentemente se nos quiere “vender”, ¿no es al fin y al cabo, una burla a este sacramento, al intentar evadirlo? ¿Qué misericordia mayor puede haber que la que nos ofrece la Iglesia como Madre en la posibilidad maravillosa de la confesión frecuente?

-Agradecimiento y súplica. Quisiera agradecer aquí el tesón de quienes no conocemos, y que han promovido la causa de beatificación de este adolescente, superando sin duda mil y una trabas por la presunta “inconveniencia” de un caso que pone en cuestión el relato oficial impuesto tras la Segunda Guerra Mundial. Tarde o temprano, así, un nuevo haz de luz de la verdad, que es luz del Espíritu Santo, se abre paso contando con otro testigo que recuerda que la victoria es de Cristo, y que la muerte ha sido derrotada.

Al Espíritu Santo, pues, rogamos que esta edición sea estímulo de fidelidad hasta el heroísmo para jóvenes seminaristas y jóvenes en general, y en especial para los sacerdotes, sabiéndose pertenecientes a Jesús sin acomodo ni restricción, para gustar la verdadera libertad que enciende el corazón cuando se sabe lo que valen las almas.

Beato Rolando Rivi, dócil al Santo Espíritu, ¡ora pro nobis!

Oración: Oh Dios, Padre Misericordioso, que eliges a los pequeños para confundir a los poderosos en el mundo, te damos gracias por habernos dado en el mártir seminarista Rolando Rivi, un testimonio del amor total a tu Hijo Jesús y a su iglesia, hasta el sacrificio de la vida. Iluminados por este ejemplo y a través de la intercesión de Rolando, le pedimos la fuerza para vivir siempre como signos vivos de Tu amor en el mundo y te suplicamos que nos concedas la gracia que ardientemente deseamos. Por JesuCristo Nuestro Señor. Amén.

 

4 comentarios

  
Marcos
No entendí la acotación de "jóvenes idealistas le dirían en Argentina"... ¿a título de qué viene?
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V.G.: aquí se les suele llamar así a los que adhirieron a la vía armada del marxismo, Marcos.
10/06/14 10:08 PM
  
Ricardo de Argentina
Durante el gobierno de Mussolini, muchos italianos comunistas debieron autoexiliarse a causa de las persecuciones. Pero muerto Mussolini, y especialmente luego de la "liberación" de los Aliados, se procedió a una vengativa aniquilacioón sistemática de fascistas y de católicos militantes, horror que duró hasta 1.948.
La muerte de este valiente jovencito es una consecuencia de esas "razzias" inhumanas y despiadadas hechas con el patrocinio de los Libertadores.

Mostrar al mundo la realidad tenebrosa de ese oscuro período de la historia italiana, es una asignatura pendiente de la Historia.
11/06/14 5:52 AM
  
Manuel de Buenos Aires
"La conversion religiosa de Benito Mussolini" del P. Ennio Innocenti, es un libro que echa algo de luz a las tinieblas del relato oficial.

13/06/14 5:39 AM
  
gringo
¿Y los cristeros mexicanos que fueron, "luchadores por la libertad", o "jóvenes idealistas"?.
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V.G.: Ninguna de las dos cosas, pues ambas se quedan en sus miras, "aquí abajo".
Creo que la comparación entre los cristeros mejicanos -ofrendando su vida por Cristo Rey- y los partisanos comunistas asesinos de Rolando, que sin reconocer ni Dios ni amo pregonaban la muerte y la lucha de clases como bandera, es absolutamente imposible. Los cristeros fueron testigos del Evangelio, "simplemente": la corona del martirio fue su natural consecuencia en ese ambiente y circunstancias.
26/07/14 12:14 PM

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