Daniel Marín Arribas: «La Iglesia condena todo liberalismo»

El economista y profesor madrileño sacó a la luz hace unos meses una nueva obra donde desmonta las teorías que tratan de buscar el origen de la Escuela Austriaca en Salamanca.

Tras una primera entrevista general sobre el libro: Destapando al liberalismo El liberalismo no nació en Salamanca consideramos oportuno seguir profundizando en diferentes aspectos del liberalismo, complementando la entrevista anterior con argumentos igualmente sólidos y aportando citas de autoridad que vienen a demostrar la radical incompatibilidad entre liberalismo y catolicismo.

¿El liberalismo es pecado?

Absolutamente. De hecho es la ideología del peor pecado y a la vez los contiene todos. Es la ideología que abre la puerta al mal moral dándole naturaleza de derecho en aras de una sacrosanta libertad que no es sino licencia. Los liberales son aquellos de los que ya nos previno hace siglos el Apóstol San Pedro en su primera carta: «quienes hacen de la libertad una excusa para su malicia». En contraposición a ellos, este primer Pontífice de la Iglesia nos exhortó a los fieles de todo tiempo: «Proceded como hombres verdaderamente libres, obedeciendo a Dios». Sólo en la obediencia a Dios se encuentra la verdadera libertad. La del liberalismo, la falsa, es la excusa para los hombres perversos. Debemos tenerlo claro, y así lo expresó para nuestros días decididamente el Papa Juan Pablo II en el año 2002: «Cuando una ruidosa propaganda de liberalismo, de libertad sin verdad y responsabilidad, se intensifica, los pastores de la Iglesia no pueden dejar de anunciar la única e infalible filosofía de la libertad, que es la verdad de la cruz de Cristo».

Sólo en Cristo se halla la verdadera libertad. En el liberalismo, la perdición del hombre. El liberalismo es la actualización sistemática en la praxis y en los principios del primer pecado de todos, el que lleva el sello de la serpiente: “No serviré”. De aquí, que otro Papa, León XIII, en su magnífica encíclica contra el liberalismo, alertaba con preocupación a finales del decimonónico siglo de que «son ya muchos los que, imitando a Lucifer, del cual es aquella criminal expresión: ‘no serviré’, entienden por libertad lo que es una pura y absurda licencia. Tales son los partidarios de ese sistema tan extendido y poderoso, y que, tomando el nombre de la misma libertad, se llaman a sí mismos liberales».

No cabe duda de que detrás de una ideología luciferina no se puede encontrar otra cosa que iniquidad. San Ezequiel Moreno, Obispo de Pasto canonizado por Juan Pablo II, lo sentenció rotundamente: «Confieso que el liberalismo es pecado, enemigo fatal de la Iglesia y del reinado de Jesucristo, y ruina de los pueblos y naciones». En España, con la última oleada del virus liberal consolidada por la Constitución del 78 no se ha llegado a otra cosa que al rechazo del Reinado Social de Jesucristo y a la grave ruina de nuestra patria. Hoy ya es palpable la decadencia en todos los niveles en la que esta ideología nos ha sumido; muy “libre” y “democráticamente”, eso sí.

¿Condena la Iglesia Católica absolutamente todo el liberalismo o acepta alguna idea del mismo?

Si el liberalismo es pecado, si es una ideología de imitadores de Lucifer y de aquellos que hacen de la libertad la justificación para su iniquidad, ¿cómo no lo va a condenar absolutamente la Iglesia? Es más, hace pocos años apuntando a nuestra realidad española, el Obispo José Antonio Reig Pla en una excelente y clarificadora carta pastoral señalaba con el dedo contra el PP por ser un partido liberal: «Ha llegado el momento de decir, con voz sosegada pero clara, que el Partido Popular es liberal (…) e infectado como el resto de los partidos políticos y sindicatos mayoritarios, por el lobby LGBTQ; siervos todos, a su vez, de instituciones internacionales (públicas y privadas) para la promoción de la llamada ‘gobernanza global’ al servicio del imperialismo transnacional neocapitalista».

Muchos años buena parte del electorado católico ha votado al PP pensando que era un partido que se identificaba con sus principios cristianos. Sin embargo, desde Manuel Fraga hasta Pablo Casado, pasando por José María Aznar, en sus propias filas se ha declarado abiertamente su liberalismo. El Obispo de Alcalá de Henares citado, en la misma carta pastoral nos urge a «hacer una llamada a promover iniciativas políticas que hagan suya, integralmente la Doctrina Social de la Iglesia». No valen males menores, no valen liberalismos más o menos moderados, nuestro deber como católicos es promover la Doctrina Social de la Iglesia, que, como recuerda S.S. Juan Pablo II, «asume una actitud crítica tanto ante el capitalismo liberal como ante el colectivismo marxista».

En efecto, la Iglesia condena todo liberalismo, incluso el que se quiere llamar “católico”, éste, además, el peor de todos, según el Papa beato Pío IX. El tesoro que nos lega es su Doctrina Social, cuyos principios suelen ser rechazados o ignorados por los que militan en la ideología liberal. Una demostración definitiva de que para éstos, sus ídolos liberales están por encima de los Pastores y el Magisterio de la Iglesia de Cristo.

Se suele hablar de dos tipos de liberalismo, de uno más progre o afrancesado y de otro más conservador u anglosajón. ¿Son en el fondo dos caras de la misma moneda, o se pueden apreciar notables diferencias?

La distinción a efectos históricos pienso que podría usarse, pero en términos doctrinales y morales es ociosa, es falsa, y corre el riesgo de generar confusión.

Ociosa, porque más violento o menos violento en las formas, no deja de tener la misma raíz y finalidad: Ser el vehículo del Anticristo, del destierro del Reinado Social de Cristo. Falsa, porque encontramos autores anglosajones “más progres” y autores franceses “más conservadores”. Y puede generar confusión, por pensar que uno podría verse bondadoso y el otro no.

Los revolucionarios de Chaumette que contra Dios erigieron el “20 de brumario” de 1793 a la “Diosa de la Razón” se podrán distinguir de un John Locke por rechazar toda religión en el ámbito público o por predicar la “Tolerancia Universal”, pero ambos coinciden en lo que este anglosajón indicó que había que hacer con los católicos: «No hay duda de que, por causa de varias de sus peligrosas opiniones que son absolutamente destructivas para todos los gobiernos excepto el del Papa, no debería dejárseles que propagasen sus doctrinas; y a quien disemine o haga pública cualquiera de ellas, el magistrado habrá de reprimirlo hasta donde sea necesario (…) Como se hace con las serpientes, no se puede ser tolerante con ellas y dejar que suelten su veneno». La “conservadora” hoguera anglicana o la “progresista” guillotina jacobina se diferencian por sus medios, pero no en sus objetivos. E igual ocurre con la persecución a través de la represión social a la que someten hoy día los impíos a los católicos convencidos y coherentes con su Santa Fe, en lo que ya ha valido el título colocado por el Papa Benedicto XVI de «dictadura del relativismo».

Por otro lado, el liberalismo anglosajón ha sido “conservadoramente” racista. Desde los esclavos negros del cortijo capitalista de Locke hasta los semi-hombres/semi-animales negros de Darwin, pasando por los pueriles negros de Hume, de los que Kant se hacía eco: «El Sr. Hume invita a todo el mundo a que presenten un solo ejemplo en el que un negro haya demostrado talento»… ¡Pues la Iglesia Católica elevó a los altares a San Martín de Porres, dominico peruano del siglo XVI! ¡El Papa León XIII luchó en el XIX contra la esclavitud en Brasil! ¡Y Francisco de Vitoria defendió desde su cátedra de Salamanca que los indios eran tan personas como los españoles que venían de Europa! Y en la Francia prerrevolucionaria, mientras Rousseau hablaba de la “religión civil”, llegaba a afirmar que «Mahoma tuvo miras muy sanas» y «armonizó bien su sistema político»… Tan bien que los mahometanos invadieron el continente europeo, sometieron África, y realizaron y realizan matanzas de pueblos enteros por el mero hecho de no profesar su falsa religión. ¡Y los elogian aquellos liberales que en su progresismo ateo hacen campaña contra los católicos acusándonos de los ficticios cuando no exagerados crímenes de la Inquisición o de las Cruzadas!

El trasfondo de todo liberalismo, se vista con el ropaje con el que se vista, es el mismo: El rechazo implícito o explícito de Jesucristo y su Iglesia. Los personajes, asimismo, son intercambiables. Hobbes, anglosajón, erigiendo el Leviatán, al Estado como “Dios Mortal”, o Montesquieu, francés, hablando del papel positivo de la religión en las costumbres de la sociedad. Más ingleses o más franceses, más conservadores o más progresistas, todos acaban dándose de la mano con lo que otro liberal, éste austriaco, Ludwig von Mises, sentenció: «No puede construirse una moral social (…) sobre las palabras del Evangelio». ¡En contra, de nuevo, la Iglesia con su Doctrina Social: «Hay que repetir que no existe verdadera solución para la cuestión social fuera del Evangelio» (Juan Pablo II, encíclica Centesimus Annus)! Repitámoslo.

Todo liberalismo es inaceptable y forma parte de la misma moneda luciferina. La correcta distinción en todo caso sería la graduación que ya nos ofreció el Papa León XIII en su encíclica Libertas Praestantissimum, donde habría un liberalismo de primer grado, ateo, laicista y progresista; uno de segundo grado, agnóstico, naturalista y conservador; y otro de tercer grado, “católico” y laico. Por cierto, este último el más aparentemente inocente pero el más nocivo de todos.

Hay católicos que en su pretendido intento de conciliar su Fe con su error ideológico, centran la atención en lo sanguinario de ciertos revolucionarios liberales, y de este hecho infieren la condena. Sin embargo, peor que el liberalismo de primer grado, progre, o “afrancesado”, es el liberalismo “católico”. El beato Pío IX no condenaba a los sanguinarios de la Commune de París tanto como a los “católicos” liberales: «Lo que aflige a vuestro país y le impide merecer las bendiciones del Cielo es la confusión de los principios. Diré la palabra y no la callaré: lo que más temo para vosotros no son esos miserables de la Comuna, verdaderos demonios escapados del infierno, es el liberalismo católico, ese sistema fatal que siempre sueña en conciliar dos cosas imposibles: la Iglesia y la Revolución. Lo he condenado ya, pero lo condenaría cuarenta veces más si fuera necesario». Condenémoslo.

Hay liberales en lo económico que son profundamente católicos en lo moral. ¿Esto a qué se debe?

Es un error de planteamiento. ¿Es que acaso la economía se puede separar de la moral? Con la excusa de la quimérica mano invisible, que nadie ha visto jamás y que los hechos demuestran que no existe, verdaderamente esto es lo que pretenden: crear un sistema económico amoral. Como esto es imposible, al final acaban generando un sistema inmoral. Por tanto, aquellos que se proclaman liberales en lo económico, no son profundamente católicos en lo moral, pues en cuestiones de bolsillo no manifiestan su creencia y su sometimiento a Cristo y su Iglesia.

Contra este tipo de sujetos, que no son nuevos de ahora, ya habló incluso Santo Tomás de Aquino expresando que «evitan un pecado, por ejemplo el de la lujuria, pero cometen otro, el de la usura». Son católicos de moral a la carta, y en ciertos ambientes eclesiásticos del mundo occidental acomodado son abundantes. Más modernamente el padre Royo Marín se lamentaba de que «son legión los que por nada del mundo omitirían un domingo de Misa y, sin embargo, no tienen inconveniente alguno en saltar por encima de los postulados más elementales de la justicia cuando se trata de incrementar sus intereses materiales».

No nos cofundamos, el católico debe serlo profundamente en todos los órdenes, no excluir unos sí y otros no a su antojo personal. Por tanto, siguiendo la exhortación de Pío XII, «el cristiano (…) debe asumir el grave y grande cometido de hacer valer en su vida personal, en su vida profesional y en la vida social y pública, en cuanto de él dependa, la verdad, el espíritu y la ley de Cristo».

Recientemente ha salido publicada una nueva obra suya, “Destapando al liberalismo”. ¿Qué pone al descubierto en ella?

Precisamente lo que reza su subtítulo: Que el liberalismo no nació en Salamanca.

Se suele hablar de liberalismo anglosajón, afrancesado, e incluso ahora muy de moda, austriaco, pero rara vez se pone sustantivada la palabra “español”. Esto es sintomático de una realidad que historiadores, filósofos, religiosos, e incluso pontífices han puesto tradicionalmente de manifiesto: España es y ha sido en su esencia radicalmente católica y por tanto radicalmente antiliberal. Su raíz no es otra que Jesús de Nazaret. Desde el III Concilio de Toledo hasta nuestros días, e incluso antes, con los mártires hispanos romanos, se ha dejado la sangre defendiendo la Cruz, que es donde se encuentra la verdadera salvación del mundo.

En las últimas décadas han tomado fuerza algunas corrientes de pensamiento, venidas de disidentes de siglos pasados, que pretenden hacernos creer que el liberalismo realmente nació en nuestra patria hispana, y más concretamente en la universidad de orillas del río Tormes. A base de consignas sencillas y repetidas una y otra vez han logrado su éxito; son buenos propagandistas. Sin embargo, la mentira es tan grande como pequeño su cimiento. En el libro, cogiendo como hilo conductor el argumentario del profesor Jesús Huerta de Soto, una de las cabeceras más importantes del mundo de la liberal/libertaria Escuela Austriaca de Economía, pongo en evidencia el mito construido por varias generaciones de autores de esta escuela. Y como termino concluyendo, y cito literalmente: «La manera de ver al hombre como ser esencialmente actuante, el determinismo y voluntarismo, el contractualismo social, el origen en el pueblo y la libertad como fin respecto al poder político, los derechos subjetivos, la libertades modernas, el positivismo jurídico aunque se revista de “ley natural”, el liberalismo económico con su subjetivismo valorativo, sus precios de “libre mercado”, sus usuras, sus especulaciones y abusos diversos, patrimonio genuino del liberalismo del que la Escuela Austriaca es una de sus siervas intelectuales, no sólo no tienen como “inspiradores”, “fundamentadores”, “anticipadores”, o “raíces” a Francisco de Vitoria, a Francisco Suárez, a Luis de Molina, a Luis de León, a Luis Saravia de la Calle, a Martín de Azpilcueta, a Domingo de Soto, a Domingo Báñez, a Diego de Covarrubias, a Juan de Mariana, a Juan de Lugo, y a otros compañeros, sino que tampoco tienen bajo su amparo al Magisterio de la Iglesia Católica con sus Pontífices, como San Pedro, Inocencio XI, San Pío V, Pío VI, Pío IX, León XIII, San Pío X, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, o Benedicto XVI».

Salamanca fue llamada muy acertadamente “Roma la chica”, la pequeña Roma. Pues bien, ni la Gran Roma ni su pequeño apéndice hispano pueden defender jamás sin fallar a su fidelidad a Cristo la ideología del pecado por antonomasia, el liberalismo.

Ya ha presentado el libro en Gerona, en Barcelona, en Sevilla, ¿prevé más lugares?

Así es, en la ciudad gerundense, la Asociación Gerona Inmortal,con la calurosa acogida del profesor Jaime Serrano de Quintana y el economista Javier de Miguel Marqués, tuvo la amabilidad de organizar el evento. Igualmente la parroquia de Sant Jordi de Barcelona con el bondadoso padre Gómez Mir y la presentación del admirable dr. Javier Barraycoa, prologuista de la obra. Y también en Sevilla, la Asociación Rodrigo de Bastidas y el Círculo de Estudios Santaella, gracias al buen hacer y el trato cercano de Ángel Romero, Fernando Galera y Javier Logendio. A todos ellos aprovecho la ocasión para agradecerles su disponibilidad y sobre todo, su amistad.

Habrá más ciudades, aunque de momento están por determinar. En Madrid seguro, y en otros puntos de la geografía castellana. Asimismo, mencionar que los libros se han llevado a Perú, y próximamente, Dios mediante, se está viendo para que estén en Argentina y Chile. Sacerdotes de diversas órdenes religiosas e incluso tres obispos ya tienen de primera mano una copia de la obra, y he recibido afectos de diversas personalidades, por los cuales estoy muy gratificado. Que todo sea para mayor gloria de Dios, no de la mía, y para honrar la memoria de los maestros de Salamanca, que no merecen menos, sino más.

Para terminar, ¿una recomendación?

Son tiempos convulsos, que no vienen de ahora, y desde luego vendrán peores. Hace más de cien años el Papa San Pío X lo avisaba al tiempo que exteriorizaba el combate: «Nos esforzamos por luchar contra el liberalismo, el modernismo, el progresismo… y no se nos escucha. Por eso vendrán las peores desgracias sobre la humanidad. Los hombres quieren que todo se les permita: libertad para todas las sectas, libertad de asociación, de prensa, de palabra… El mal no hará sino difundirse cada vez más y llegaremos a una sociedad en la que ya no se pueda vivir».

Esa sociedad ya ha llegado. Hoy día es muy difícil vivir como católico coherente; el ambiente, la televisión, la moda, las costumbres, la educación, el sistema económico… todo es una enorme estructura de pecado de la que es prácticamente imposible escapar inmaculado. ¿Quién no ha consumido productos de empresas que financian el aborto o explotan a masas de pobres en el llamado tercer mundo? ¿Quién no se ha topado con una película en la que se cuelan escenas eróticas? ¿Quién no se ha visto sometido y cedido a la presión del qué dirán en trabajo, familia…? La propaganda pornográfica, los abusos laborales, las rupturas familiares… todos esos males son justificados siempre con falsos derechos y libertades licenciosas. Ciertamente, hoy invocar la Ley de Dios fuera de Misa lleva la pena del escarnio o la censura, y los católicos no mundanizados son acorralados por su Fe. Las bajas incluso llegan dentro de las propias filas, cuando algunos pactan con el mundo, desoyendo completamente las reprobatorias palabras del Apóstol Santiago, «¡corazones adúlteros!, ¿no sabéis acaso que haciéndoos amigos del mundo os hacéis enemigos de Dios? Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios».

Frente al liberalismo, al modernismo, al progresismo que no dejan de avanzar, de acosar, de matar física y moralmente a las almas, en el propósito de fidelidad a Nuestro Señor aferrémonos a su promesa: «En el mundo tendréis tormento; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). Sea este el consejo, venido de lo Alto, para estos tiempos de aflicción.

Javier Navascués e I.C.V

12 comentarios

  
Guus
"La respuesta obviamente es compleja. Si por «capitalismo» se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de «economía de empresa», «economía de mercado», o simplemente de «economía libre». Pero si por «capitalismo» se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa" Juan Pablo II CENTESIMUS ANNUS

No veo una condena al liberalismo económico, más bien todo lo contrario, simplemente se defiende que el mercado debe ser dirigido por el Estado, que la economía no está por encima de todo. Pero se sigue defendiendo la economía capitalista (liberalismo económico) como la mejor opción. No deja de ser capitalismo porque el mercado esté intervenido por el Estado.

También se menciona el R-78 pero el gobierno franquista ya era capitalista, Franco no restituyó la sociedad estamental, ni los mayorazgos, ni las tierras amortizadas, ni los privilegios forales, ni volvió al mercantilismo. No recuperó ni una de las instituciones políticas y económicas de la España preliberal.

Todo lo contrario, Franco promovió el capitalismo (intervenido y dirigido por el Estado, pero capitalismo al fin y al cabo) y la industrialización y modernización de España, sobretodo a partir de 1959.






28/03/19 10:12 AM
  
Yolanda
Guus:

《simplemente se defiende que el mercado debe ser dirigido por el Estado》

La cuadratura del círculo.


.《Pero si por «capitalismo» se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa"》

Pues es que justamente eso es el capitalismo. Y no hay
ni ha habido ni puede haber otro. Especialmente este último capitalismo es aun peor y más descarado de lo que describe ahí Centesimus Annus.
28/03/19 12:34 PM
  
Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo
Fantástica síntesis y colección de citas de Magisterio, Sagrada Escritura y Tradición Católica. Como digo pocas veces, este será para mí un artículo de cabecera. ¡Dios te bendiga, Daniel, por tu santo apostolado que, más que antiliberal es, realmente, antiluciferino!
28/03/19 1:03 PM
  
Guus
Yolanda:

El capitalismo es un sistema socioeconómico basado en la propiedad privada, la economía de mercado y una división de la sociedad en clases socioeconómicas. No veo contradicción alguna entre eso y la intervención estatal en la economía. Capitalismo no es sólo el laissez-faire, hay muchos más modelos.

Creo que en el fondo, estamos ante una cuestión lingüística, pero si te fijas verás que tan capitalista era el gobierno de Franco (al que nadie aquí considera contrario al magisterio de la Iglesia) cómo el actual.

Las únicas alternativas por ahora al capitalismo son o el comunismo o una vuelta al Antiguo Régimen. El comunismo ha demostrado ser un desastre y el Antiguo Régimen se quedó obsoleto con el advenimiento de la revolución industrial y es un anacronismo reivindicarlo en la actualidad. Si defender la tradición pasa por defender esas estructuras caducas y condenadas irremisiblemente a muerte, que mencioné en mi comentario anterior, estamos apañados.










28/03/19 2:26 PM
  
Piedad
Maravilloso e inspirado artículo Javier Navascués. Le estoy muy agradecida por compartirnos el fundamento conciso y claro de la Doctrina de la Iglesia, está vez en palabras del señor Daniel Marin. Los conceptos aquí expresados son suficientes para controvertir, por anticristianas, “las verdades” liberales, progresistas y modernistas, en lo político, económico, social y religioso. Sin duda, la lectura del libro que se anuncia será toda una artillería para liberarnos de los acosos ideológicos con que se nos ataca por todos los frentes.
28/03/19 3:42 PM
  
Natanael
Muy buen artículo. Siempre me había producido desconfianza el liberalismo económico, por más empeño que se pusiera en separarlo de su vertiente "moral" y política.

Seguramente porque no me cuadraba que, naciendo de una corriente condenada, hubiera sido suficientemente depurado. Por no hablar de la confusión que produce el hecho de hablar todo el tiempo de liberalismo, pero este sí, y el otro no.

Se puede aplicar aquello de examindlo todo y retened lo bueno, pero en todo caso lo bueno que pudiera haber se introduce dentro de una corriente puramente católica, que no lleve a confusiones ni tome prestado aquello que es contrario a la fe.
28/03/19 6:42 PM
  
Yolanda
Guus:

"... pero si te fijas verás que tan capitalista era el gobierno de Franco (al que nadie aquí considera contrario al magisterio de la Iglesia) cómo el actual."

Nadie no: yo lo considero contrario y bien contrario a nuestra religión. Y no creo ser la única. Quizá sí la única de los visitantes habituales de Infocatólica.
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"Las únicas alternativas por ahora al capitalismo son o el comunismo o una vuelta al Antiguo Régimen"

Por ahora. Habrá que idear algo. O resignarse a que en esta vida es imposible que todos los seres humanos sean tratados conforme a su dignidad irrenunciable.
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"El comunismo ha demostrado ser un desastre "
Y el capitalismo también.

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Los liberales más recalcitrantes, los enamorados del capitalismo (tal vez porque nunca les ha tocado el papel de víctima) suelen defenderse -ante la evidencia de que el capitalismo genera millones víctimas condenadas a la marginación y a la indignidad- diciendo que el capitalismo liberal de verdad nunca ha existido todavía, y que esos defectos se deben a que siempre hay un cierto grado de intervencionismo estatal, que es lo que lo estropea todo. Lo que no dicen es que cuando una minoría alcanza grados de poder económico suficiente, directamente se adueña del estado y lo usa para sus fines. Cosa, además, inevitable. Como sus crisis periódicas, inherentes a su ser, que se resuelven expulsando a millones de seres humanos sobrantes a la miseria. Ese es el capitalismo realmente existente, el que hay, el que hubo, el que es.

Son iguales que los comunistas que dicen que la URSS o Corea del norte no son el verdadero comunismo. ¡Ja! Es el que hay, el que hubo y no hay posibilidad de otro.
28/03/19 8:49 PM
  
Ricardo de Argentina
El liberalismo -que es la doctrina de la Francesada - es malo, es pecado, sencillamente porque no se somete a la ley de Dios.

El comunismo menos aún todavía, llegando a postular dogmáticamente la inexistencia de Dios, así que lejos de ser anti liberal, como taimadamente hacen creer liberales y comunistas, es doblemente liberal.

El capitalismo es la doctrina económica del liberalismo, y por ser parte de algo esencialmente malo no puede ser bueno, pues nadie da lo que no tiene.
La maldad del capitalismo se nota en el hecho de que para el capitalismo no hay usura, y si la necesidad del otro permite subir los intereses, mejor, porque así hay más ganancias.
28/03/19 9:46 PM
  
Guus
Yolanda:

¿Qué sistema socioeconómico consideras qué debemos seguir? ¿Puedes poner un ejemplo concreto?

Compara la esperanza de vida del siglo XVI hacia atrás y la de ahora, haz lo mismo con la alfabetización, las posibilidades de ascenso en la jerarquía socioeconómica, la miseria, etcétera, y verás que ahora hay menos hambre, miseria, analfabetismo, enfermedades incurables, gente sin oportunidad de ascender socialmente y un largo etcétera que nunca en toda la historia de la humanidad.

También en los países más pobres van reduciendo la miseria, salvo en los que se encuentran en guerra, pero en cualquier país en guerra siempre se ha vivido fatal, mi abuelo en la posguerra tenía que robar comida discretamente en la granja en la que trabajaba porque no le daba con lo que ganaba para subsistir, luego el país mejoró mucho, pero la posguerra fue dura, eso pasa siempre en los países en una guerra que los destroza y en el período inmediatamente posterior a la misma.

El pasado no fue una Arcadia feliz, la miseria, el analfabetismo, la corrupción, la avaricia, ya estaban ahí antes de que apareciera. Si no te lo crees mira los datos y compruébalo por tí misma.

¿En qué parte doy a entender qué defiendo que el Estado no intervenga en la economía? Si precisamente afirmo lo contrario, el camino a seguir pasa por la economía social de mercado, no por el laissez-faire. Son los Estados donde se equilibra el mercado y el compromiso social los que lograron mayor prosperidad, como el caso de España hasta la Constitución del 78, aún conservamos algo de eso con nuestra seguridad social, aunque cada vez menos. Pero considero que ese tipo de políticas son el camino a seguir, y no las veo necesariamente incompatibles con la doctrina social de la iglesia, de hecho creo que va por ese camino.

Si tú o el economista de la entrevista tenéis una alternativa mejor, soy todo oídos, pero sinceramente no la veo.

29/03/19 1:26 AM
  
Cos
Sin ánimo de parecer que interfiero en una conversación, Guus, no creo que nadie dude hoy en día de que el comercio y la iniciátiva privada sean cosas buenas, pero el problema, como bien dice Yolanda, está en confundir la realidad de los hechos con la tendencia idealizadora de las ideologías.
No hay que olvidarse de que detrás del aumento del nivel de vida nos encontraremos con la revolución tecnológica. Limitándonos a Europa: si la ilustración, nacida de las universidades y las academisas propias de la revolución científica, alimenta a la monarquía absoluta como vehículo del cambio, y, a su vez, ésta se nutre de aquella, en el punto álgido de su propio dearrollo, se da que el sistema se encuentra con su propia contradición y colapsa. De las revoluciones liberales lo que surge son las sociedades burguesas. Y el mismo suceso les ocurre a éstas. El resultado son las revoluciones socialistas y anarquistas. Andando el tiempo con los fascismos. No se puede obviar esta dialéctica. Como tampoco se puede obviar la propia dialéctica entre estados que también dan claves para entender fenómenos como pudiera ser el mercantilismo.
Es decir, no es lo mismo referir acerca del libre mercado -fenómeno que no tiene nada de nuevo y que se viene produciendo desde hace milenios- que observar la realidad de sucesos concretos, sean casos de explotación o injusticas, o malos tratos, o menosprecios de la persona, que se apoyan en la necesidead de los individuos o, incluso, en la necesidad de individuos que tienen personas y obligaciones a su cargo.
29/03/19 11:23 AM
  
Yolanda
¿Qué sistema socioeconómico consideras qué debemos seguir? ¿Puedes poner un ejemplo concreto?
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Naturalmente que no. Y menos en un post. Pero sí sé qué es malo para mí y para otros. Según usted.-eso cabe imaginar- nadie que no sea economista puede opinar. Y como los no especialistas no podemos defender con solvencia de especialista uno u otro sistema económico, o idear uno nuevo, tenemos que aguantar lo que haya y lo que los fanáticos del liberalismo capitalista nos impongan.

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esperanza de vida, alfabetización, las posibilidades de ascenso en la jerarquía socioeconómica, la miseria, etcétera
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No estará usted atribuyendo ninguna mejora en esos aspectos al capitalismo. No, imposible. No puede ser. Porque en ese caso tendría mil otras cosas que explicar.

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...la miseria, el analfabetismo, la corrupción, la avaricia, ya estaban ahí antes de que apareciera.Si no te lo crees...
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Pues claro que lo creo. Más que creerlo, lo sé. Los codiciosos, los aprovechados, los golfos, los que desprecian al prójimo han existido siempre desde que existe el mundo. Por eso, llegados a un momento adecuado de la Historia, esos codiciosos y aprovechados crearon el capitalismo y desde entonces lo defienden con uñas y dientes. Y misiles.
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Lo del compromiso social del régimen anterior al 78 lo tomaré como un chiste final para dulcificar tensiones en el debate. Je, je, ahí ha estado usted simpatico.

En cuanto a propuestas, a ver qué le responde Don Daniel Marín: no creo que en serio pretendan regresar a modos de producción medievales. Pero, si no es eso, tampoco sé qué pretende.
29/03/19 11:38 AM
  
hornero (Argentina)
En esta amplia exposición sobre el liberalismo, Martín Arribas concluye mostrando la grave situación que han precipitado sobre el mundo la suma de errores del liberalismo. Vale para el mundo, lo que es verdad también para la Iglesia; desde mucho tiempo atrás los católicos se esfuerzan con empeño extremo en detener este mal que corrompe las instituciones, las leyes, las costumbres de la sociedad toda. Los Papas lo han condenado a la luz de extensas fundamentaciones; los intelectuales católicos en sus diversas condiciones han hecho otro tanto. Sin embargo el mal del liberalismo ha continuado arrasando las defensas cristianas. Esto debe llevarnos a la conclusión de que las fuerzas que opone la Jerarquía de la Iglesia y las que oponen los fieles laicos no son suficientes para contener el avance del mal. Ahora bien, si la Virgen ha anunciado en Fátima que “Al fin triunfará Mi Corazón Inmaculado”, lo que implica la derrota del liberalismo y de toda la Babilonia construida por sus errores y perversiones, la respuesta es de lógica absoluta: debe la Iglesia y el Pueblo de Dios acudir a la Virgen en demanda de su ayuda, de modo solemne, público y universal. De nosotros depende que el futuro transite el camino de María, o el camino del enemigo de María, el anti-cristo
30/03/19 3:14 PM

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