Un decisivo paso adelante en el camino ecuménico

El viaje del Papa a Chipre ha sido un gran paso adelante en el camino de acercamiento entre la Iglesia católica y la Iglesia greco-ortodoxa, cuyos frutos no dejarán de hacerse sentir también en el diálogo con el Patriarcado de Moscú. De esto está seguro el cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que ha seguido de cerca a Benedicto XVI en los tres días de la visita. “Traigo conmigo – dice el cardenal en esta entrevista concedida a nuestro periódico – la imagen de la alegría de un pueblo que está familiarizado con el sufrimiento.

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¿Qué significado ecuménico atribuye al viaje del Pontífice a Chipre?


Se ha tratado de una visita muy importante, en primer lugar desde el punto de vista pastoral. Las Iglesias católicas en Oriente Medio viven una situación particular y difícil. Por lo tanto, para ellas ha sido un bien sentirse, también físicamente, junto al Papa. Se ha tratado, sin embargo, de un acontecimiento realmente muy significativo desde el punto de vista ecuménico e incluso político – aún no siendo este el fin del viaje – dada la situación de división de la isla.

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En vísperas del viaje, se había creado un clima de grandes expectativas por los encuentros ecuménicos: incluso se sugirió la hipótesis de una posible mediación por parte del Arzobispo ortodoxo de Chipre Crisóstomo II para eventuales desarrollos en las relaciones entre Iglesia católica y Patriarcado ortodoxo de Moscú.


No hay nada de cierto en todo esto. No hay necesidad de ninguna obra de mediación con el Patriarcado de Moscú porque las relaciones son directas, muy respetuosas y muy bien establecidas. Más aún, diría que estamos en el camino de la normalización de nuestras relaciones con Moscú. Un proceso que, por otro lado, ya se había puesto en marcha antes de la elección de Benedicto XVI. Durante los funerales de Juan Pablo II, por ejemplo, el Patriarcado de Moscú estuvo muy cerca de nosotros. No sé en que se basaban las expectativas en vísperas de este viaje a Chipre. Ciertamente, Crisóstomo II hablará con el Patriarca Kirill de esta visita y creo que hablará muy bien. Es todo. La visita de Benedicto XVI a Chipre, sus encuentros con la Iglesia ortodoxa, deben ser considerados por lo que realmente han sido, es decir, pasos significativos en el camino de acercamiento entre las dos Iglesias, que ya está en un buen punto. Esencialmente, ha confirmado lo cerca que estamos y cómo las diferencias se van atenuando. El Arzobispo ortodoxo de Chipre es una persona muy fuerte, decidida, inteligente. Pero, sobre todo, es una persona abierta, capaz de mirar a su alrededor y de comprender las situaciones. Con Benedicto XVI hay una óptima sintonía: ha sido así desde el inicio. Cuando vino a Roma, quedó sorprendido por la familiaridad con la que fue recibido, y no sólo por el Papa. Y la cortesía con la que nos recibió en su casa ha sido extraordinaria. Con el Pontífice tiene una relación particular. Ha dado una demostración de esto delante de todos cuando, durante la Misa en el palacio del deporte en Nicosia, en el momento del intercambio de la paz, subió al altar y fraternalmente abrazó y besó al Papa. Lo mismo había hecho recibiéndolo en Paphos. Son gestos significativos.

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¿No le parece que ha mostrado también gran confianza en el rol que el Pontífice asume en el escenario internacional por su autoridad moral, al punto de pedirle ayuda por los sufrimientos que padecen los ortodoxos chipriotas a causa de la división de la isla?


El Arzobispo, lo repito, es una persona inteligente y abierta. Sabe que, en este momento, los cristianos están viviendo una situación muy difícil. En todo Medio Oriente son minoría y corren el riesgo de serlo cada vez más a causa de la emigración. Por lo tanto, sabe bien que es mejor que los cristianos afronten este momento unidos. Ninguna Iglesia puede enfrentarse con ciertas situaciones si permanece sola. Tiene necesidad de la solidaridad de las otras Iglesias hermanas. En este contexto, por ejemplo, para las Iglesias católicas de Medio Oriente será muy importante la próxima asamblea especial del Sínodo de los Obispos. Ellas serán llamadas a reflexionar sobre el sentido de estar juntas, de estar efectivamente en comunión, sobre el sentido del testimonio que están llamadas a dar juntas. Son estos los motivos que impulsan también a los ortodoxos a mirar con atención la próxima asamblea, en la cual participarán con sus delegados.

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¿En qué ha podido percibir los frutos positivos que este encuentro ha traído en lo inmediato?


En la familiaridad de la relación entre el Pontífice y el Arzobispo, en la disponibilidad de todo el Santo Sínodo para con el Papa y el séquito papal. Yo personalmente ya estuve en Chipre otras dos veces en los pasados meses y pude experimentar el progreso del entendimiento entre las dos Iglesias, sobre todo la determinación con la cual Crisóstomo II persigue este objetivo: el año pasado, por ejemplo, participé en el encuentro de la comisión teológica internacional en Paphos, donde pude constatar su convicción y su fuerza, también frente a las inevitables contestaciones. Existe realmente el deseo de unidad.

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¿Ha tenido la misma impresión en lo que respecta a las relaciones entre las Iglesias católicas en Oriente Medio?


Efectivamente, ha habido algún problema, algún momento de incomprensión: nada asombroso pero creo que también para esto es muy importante la asamblea sinodal. Son Iglesias que viven lejos entre ellas y no se encuentran muy a menudo. Por lo tanto, será importante que comiencen a hacerlo, precisamente gracias a esta reunión sinodal. Sobre este tema puedo dar un testimonio personal ya que cada año voy a Jerusalén y participo en encuentros entre los patriarcas de estas Iglesias, los cuales, en estas circunstancias, toman conciencia efectivamente del carácter común de ciertas problemáticas. A mí me piden involucrar a la Iglesia católica universal para que no falte la solidaridad internacional.

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¿Qué se lleva consigo a Roma de este viaje?


En primer lugar, la imagen de la gran alegría marcada en los rostros de la gente en torno al Papa. Si es cierto que los cristianos son una minoría, es también cierto que son capaces de ofrecer una demostración de gran entusiasmo, capaz de encender los ánimos también de los no católicos. Y me han asegurado que, más allá de las ceremonias oficiales, no había nada preparado y preconfeccionado. Por lo tanto, se ha tratado sobre todo de gestos espontáneos. Traigo conmigo la alegría de un pueblo que habitualmente debe enfrentarse con el sufrimiento.

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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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7 comentarios

  
victor-manuel ferrero leon
Sólo se puede hacer frente a la persecución, abierta o solapada, que padecen las iglesias cristianas en todo el Oriente si se manifiesta una unión. Esa unión, que no quiere decir una comunión total y absoluta con Roma, debe trascender, encabezada por el Papa, a los ámbitos políticos de la Unión Europea, que debe asumir la defensa de esas Comunidades frente a los poderes que permiten su acoso legal, político y moral venga de donde viniere, ya sean gobiernos musulmanes, gobiernos ateos o el mismo gobierno judío. Al fin y al cabo, todos permiten acciones con el mismo objetivo: la erradicación o la expulsión del cristianismo de la tierra donde nació.
14/06/10 5:02 PM
  
Tulkas
No, no y no.

Las uniones estratégicas acaban con la del concilio de Florencia: en humo.

Aquí no está en cuestión una determinada forma histórico-jurídica de ejercer el Ministerio de Pedro. Éste será, si llega a serlo, un dilema con los uniatas, pero no con los ortodoxos.

Aquí la cuestión es muy simple:

a.-¿Hay un Ministerio de Pedro?
b.-¿Cómo lo define la Escritura?
c.-¿Cómo lo contempla la Tradición? y paralelamente a ésta hay otra pregunta, que no es la misma pero es paralela: ¿cuál es el papel de la Iglesia de Roma?
d.-¿Quién ejerce el Ministerio de Pedro a lo largo de la historia?

Por acá van los tiros del diálogo teológico católico-ortodoxo, es decir, versa sobre la naturaleza misma de la Iglesia y no sobre aspectos coyunturales, como pudo ser en su época la amenaza islámica sobre Constantinopla o actualmente la amenaza judía e islámica sobre los cristianos de Tierra Santa.
14/06/10 11:12 PM
  
Pioquinto
El quid de la cuestión de si los ortodoxos van a reconocer el primado de Pedro. Si no lo van a reconocer, no tiene ningún caso la reconciliación, todo serían sonrisas y oportunidad para foto. En el fondo, nada. Si los católicos anglicanos no van a reir el Corpus Christi como lo que es, aceptar la Inmaculada concepción y la primacía de Pedro, mejor no nos juntamos. Es retórica torcida, pura retórica.
14/06/10 11:17 PM
  
Tulkas
Hombre, Pioquinto, contigo y con los cismáticos lefevrianos no sólo no se juntan los anglocatólicos, los uniatas ni los ortodoxos... pero es que tampoco se junta el católico latino medio de andar por casa: es lo que tiene haber roto la comunión y haberse convertido en una medio secta.
15/06/10 8:12 PM
  
Pioquinto
Tulkas, gracias al Santo Padre, primero y al arzobispo Lefebvre, segundo, tenemos la Santa Misa de vuelta. Algún día ambos serán canonizados, Dios mediante. Ya ves, 40 años tratando de destruir la Tradición, con "T", se han estrellado con un muro de granito. Y despúes del último escándalo sexual, ya viene el resurgir de la Iglesia. Para verguenza y escarnio de los Tulkas del mundo.
16/06/10 1:13 AM
  
Tulkas
Hombre, Piokinto, si a mí la Tradición y la "libertad exaltación" de la Iglesia me admiran.

Ahora, lo que no me gusta es el cisma.

16/06/10 5:26 PM
  
victor-manuel ferrero leon
Queridos amigos: No entro en vuestras disquisiciones doctrinales, pero mientras nos ponemos o no de acuerdo entre cristianos de los concilios de Nicea, de Calcedonia y de Trento. Si no terminamos de tirarnos los trastos a la cabeza por llevar o no barba, por la cuestión del Filioque, por el celibato, por el pan ácimo, por la pérdida de Constantinopla, por la primacía del Papa... nada podremos hacer para defender la cristiandad de Oriente, sea cual sea su Credo, su rito o su opción política. Al margen de las disputas "previas" tan "decisivas", nuestros hermanos de Irak, Siria, Israel, Egipto, etc... son martirizados, exiliados o reducidos a la condición de simples parias. Los regímenes que cometen esas atrocidades no les preguntan antes de matarlos o extrañarlos si obedecen al Papa o qué piensan del "Filioque". Es entrañable observar cómo la Iglesia Copta de Egipto trata de explicarnos a los católicos que ellos no son monofisitas como pretendimos tacharles , de acuerdo Roma y Constantinopla, para echarlos de la comunión católica en 451. Tengan o no tengan razón, pues no tengo conocimiento para dilucidarlo, sí hay que interpretar esa señal o intento de acercamiento a católicos y ortodoxos como una petición de ayuda en la dura realidad que están viviendo hoy: matanzas, prohibiciones, extorsiones, negación de derechos, etc... Para ayudar a esos hermanos de Oriente, no hay que preguntarles si son de Pedro o de Pablo o de Bernabé, sino ponernos en movimiento para evitar su total aniquilación. Si alguien dice que ama a Dios a quien no ve, pero no ama a su prójimo a quien ve, ... Paz y bien en el Señor y María. Víctor-Manuel Ferrero León, ex-FMS
10/12/12 6:30 PM

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