El cielo, la muerte, el purgatorio. ¿Qué son los Novísimos?

Lo que dice la Iglesia con comentarios de San Josemaría

El cielo, la muerte, el purgatorio. ¿Qué son los Novísimos?

Algunas enseñanzas del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la buena costumbre de rezar por los familiares y amigos difuntos, especialmente indicadas para considerar en el mes de noviembre.

(OpusDei.es) En los Libros Santos se llaman Novísimos a las cosas que sucederán al hombre al final de su vida, la muerte, el juicio, el destino eterno: el cielo o el infierno. La Iglesia los hace presentes de modo especial durante el mes de noviembre. A través de la liturgia, se invita a los cristianos a meditar sobre estas realidades.

1. ¿Qué hay después de la muerte? ¿Dios juzga a cada persona por su vida?

El Catecismo de la Iglesia católica enseña que «la muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo» «Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de la purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre». En este sentido, San Juan de la Cruz habla del juicio particular de cada como diciendo que «a la tarde, te examinarán en el amor». Catecismo de la Iglesia Católica, 1021-1022.

San Josemaría

Todo se arregla, menos la muerte... Y la muerte lo arregla todo. Surco, 878.

Cara a la muerte, ¡sereno! Así te quiero. No con el estoicismo frío del pagano; sino con el fervor del hijo de Dios, que sabe que la vida se muda, no se quita. ¿Morir?... ¡Vivir! Surco, 876.

¡No me hagas de la muerte una tragedia!, porque no lo es. Sólo a los hijos desamorados no les entusiasma el encuentro con sus padres. Surco, 885.

El verdadero cristiano está siempre dispuesto a comparecer ante Dios. Porque, en cada instante si lucha para vivir como hombre de Cristo, se encuentra preparado para cumplir su deber. Surco, 875.

«Me hizo gracia que hable usted de la ‘cuenta’ que le pedirá Nuestro Señor. No, para ustedes no será Juez –en el sentido austero de la palabra– sino simplemente Jesús». –Esta frase, escrita por un Obispo santo, que ha consolado más de un corazón atribulado, bien puede consolar el tuyo. Camino, 168.

2. ¿Quiénes van al cielo? ¿Cómo es el cielo?

El cielo es «el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha». San Pablo escribe: «Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por pensamiento de hombre las cosas que Dios ha preparado para los que le aman». (1Cor 2, 9).

Después del juicio particular, los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados van al cielo. Viven en Dios, lo ven tal cual es. Están para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, gozan de su felicidad, de su Bien, de la Verdad y de la Belleza de Dios.

Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama el cielo. Es Cristo quien, por su muerte y Resurrección, nos ha «abierto el cielo». Vivir en el cielo es «estar con Cristo» (cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17). Los que llegan al cielo viven «en Él», aún más, encuentran allí su verdadera identidad. Catecismo de la Iglesia católica, 1023-1026.

San Josemaría

Mienten los hombres cuando dicen «para siempre» en cosas temporales. Sólo es verdad, con una verdad total, el «para siempre» de la eternidad. –Y así has de vivir tú, con una fe que te haga sentir sabores de miel, dulzuras de cielo, al pensar en esa eternidad, ¡que sí es para siempre! Forja, 999.

Piensa qué grato es a Dios Nuestro Señor el incienso que en su honor se quema; piensa también en lo poco que valen las cosas de la tierra, que apenas empiezan ya se acaban... En cambio, un gran Amor te espera en el Cielo: sin traiciones, sin engaños: ¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia...! Y sin empalago: te saciará sin saciar. Forja, 995.

Si transformamos los proyectos temporales en metas absolutas, cancelando del horizonte la morada eterna y el fin para el que hemos sido creados –amar y alabar al Señor, y poseerle después en el Cielo–, los más brillantes intentos se tornan en traiciones, e incluso en vehículo para envilecer a las criaturas. Recordad la sincera y famosa exclamación de San Agustín, que había experimentado tantas amarguras mientras desconocía a Dios, y buscaba fuera de El la felicidad: ¡nos creaste, Señor, para ser tuyos, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti! Amigos de Dios, 208

En la vida espiritual, muchas veces hay que saber perder, cara a la tierra, para ganar en el Cielo. –Así se gana siempre. Forja, 998.

3. ¿Qué es el purgatorio? ¿Es para siempre?

Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados.

Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: «Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado» (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos. Catecismo de la Iglesia católica, 1030-1032.

San Josemaría

El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El. Surco, 889

No quieras hacer nada por ganar mérito, ni por miedo a las penas del purgatorio: todo, hasta lo más pequeño, desde ahora y para siempre, empéñate en hacerlo por dar gusto a Jesús. Forja, 1041.

«Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas». –Luego, ¿el hombre pecador tiene su hora? –Sí..., ¡y Dios su eternidad! Camino, 734.

4. ¿Existe el infierno?

Significa permanecer separados de Él –de nuestro Creador y nuestro fin- para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno.

Morir en pecado mortal, sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios es elegir este fin para siempre.

La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, «el fuego eterno». La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

Jesús habla con frecuencia de la gehenna y del fuego que nunca se apaga, reservado a los que, hasta el fin de su vida, rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo. La pena principal del infierno es «la separación eterna de Dios, en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión:»Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran» (Mt 7, 13-14). Catecismo de la Iglesia católica, 1033-1036.

San Josemaría

No me olvidéis que resulta más cómodo –pero es un descamino– evitar a toda costa el sufrimiento, con la excusa de no disgustar al prójimo: frecuentemente, en esa inhibición se esconde una vergonzosa huida del propio dolor, ya que de ordinario no es agradable hacer una advertencia seria. Hijos míos, acordaos de que el infierno está lleno de bocas cerradas. Amigos de Dios, 161.

Un discípulo de Cristo nunca razonará así: «yo procuro ser bueno, y los demás, si quieren..., que se vayan al infierno». Este comportamiento no es humano, ni es conforme con el amor de Dios, ni con la caridad que debemos al prójimo. Forja, 952

Sólo el infierno es castigo del pecado. La muerte y el juicio no son más que consecuencias, que no temen quienes viven en gracia de Dios. Surco, 890.

5. ¿Cuándo será el juicio final? ¿En qué consistirá?

La resurrección de todos los muertos, «de los justos y de los pecadores» (Hch 24, 15), precederá al Juicio final. Esta será «la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz [...] y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación» (Jn 5, 28-29). Entonces, Cristo vendrá «en su gloria acompañado de todos sus ángeles [...] Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda [...] E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.» (Mt 25, 31. 32.

El Juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el Padre conoce el día y la hora en que tendrá lugar; sólo Él decidirá su advenimiento. Entonces Él pronunciará por medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros conoceremos el sentido último de toda la obra de la creación y de toda la economía de la salvación, y comprenderemos los caminos admirables por los que su Providencia habrá conducido todas las cosas a su fin último. El Juicio final revelará que la justicia de Dios triunfa de todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte (cf. Ct 8, 6).

El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía «el tiempo favorable, el tiempo de salvación» (2 Co 6, 2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete para la justicia del Reino de Dios. Anuncia la «bienaventurada esperanza» (Tt 2, 13) de la vuelta del Señor que «vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído» (2 Ts 1, 10). Catecismo de la Iglesia católica, 1038-1041.

San Josemaría

Cuando pienses en la muerte, a pesar de tus pecados, no tengas miedo... Porque El ya sabe que le amas..., y de qué pasta estás hecho. Si tú le buscas, te acogerá como el padre al hijo pródigo: ¡pero has de buscarle! Surco, 880.

«Conozco a algunas y a algunos que no tienen fuerzas ni para pedir socorro», me dices disgustado y apenado. –No pases de largo; tu voluntad de salvarte y de salvarles puede ser el punto de partida de su conversión. Además, si recapacitas, advertirás que también a ti te tendieron la mano. Surco, 778.

El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salvaje que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer –que nada vale–, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad. Camino, 708.

Por salvar al hombre, Señor, mueres en la Cruz; y, sin embargo, por un solo pecado mortal, condenas al hombre a una eternidad infeliz de tormentos...: ¡cuánto te ofende el pecado, y cuánto lo debo odiar! Forja, 1002.

6. Al final de los tiempos Dios ha prometido cielo nuevo y una tierra nueva ¿Qué debemos esperar?

La Sagrada Escritura llama «cielos nuevos y tierra nueva» a esta renovación misteriosa que transformará la humanidad y el mundo (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1). Esta será la realización definitiva del designio de Dios de «hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra» (Ef 1, 10).

Para el hombre esta consumación será la realización final de la unidad del género humano, querida por Dios desde la creación y de la que la Iglesia peregrina era «como el sacramento» (LG1). Los que estén unidos a Cristo formarán la comunidad de los rescatados, la Ciudad Santa de Dios. Ya no será herida por el pecado, las manchas, el amor propio, que destruyen o hieren la comunidad terrena de los hombres. La visión beatífica de Dios será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua.

«Ignoramos el momento de la consumación de la tierra y de la humanidad, y no sabemos cómo se transformará el universo.

Ciertamente, la figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa, pero se nos enseña que Dios ha preparado una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y superará todos los deseos de paz que se levantan en los corazones de los hombres»(GS 39).

«No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios» (GS 39). Catecismo de la Iglesia Católica, 1043-1049.

San Josemaría

Mientras vivimos aquí, el reino se asemeja a la levadura que cogió una mujer y la mezcló con tres celemines de harina, hasta que toda la masa quedó fermentada.

Quien entiende el reino que Cristo propone, advierte que vale la pena jugarse todo por conseguirlo: es la perla que el mercader adquiere a costa de vender lo que posee, es el tesoro hallado en el campo. El reino de los cielos es una conquista difícil: nadie está seguro de alcanzarlo, pero el clamor humilde del hombre arrepentido logra que se abran sus puertas de par en par. Es Cristo que pasa, 180.

En esta tierra, la contemplación de las realidades sobrenaturales, la acción de la gracia en nuestras almas, el amor al prójimo como fruto sabroso del amor a Dios, suponen ya un anticipo del Cielo, una incoación destinada a crecer día a día. No soportamos los cristianos una doble vida: mantenemos una unidad de vida, sencilla y fuerte en la que se funden y compenetran todas nuestras acciones.

Cristo nos espera. Vivamos ya como ciudadanos del cielo, siendo plenamente ciudadanos de la tierra, en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones, pero también en medio de la alegría y de la serenidad que da el saberse hijo amado de Dios. Es Cristo que pasa, 126.

El tiempo es nuestro tesoro, el «dinero» para comprar la eternidad. Surco, 882.


 

¿Por qué rezar por los difuntos?

En la Iglesia Católica el mes de noviembre, está iluminado de modo particular por el misterio de la comunión de los santos que se refiere a la unión y la ayuda mutua que podemos prestarnos los cristianos: quienes aún estamos en la tierra, los que ya seguros del cielo se purifican antes de presentarse ante Dios de los vestigios de pecado en el purgatorio y quienes interceden por nosotros delante de la Trinidad Santísima donde gozan ya para siempre. El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha (Catecismo de la Iglesia Católica, 1024).

«Hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando ‘claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es’».

Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos en mismo himno de alabanza a nuestro Dios. (Catecismo, punto 954).

La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oraciones ‘pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados’ (Catecismo, punto 955).

Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo (Catecismo, punto 1030).

La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados (Catecismo, punto 1031).

Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.

San Josemaría, en Surco

«El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El» (Punto 889).

«¡Qué contento se debe morir, cuando se han vivido heroicamente todos los minutos de la vida! Te lo puedo asegurar porque he presenciado la alegría de quienes, con serena impaciencia, durante muchos años, se han preparado para ese encuentro» (Punto 893).

24 comentarios

Enrique
¡Gracias! Es una ayuda estupenda.
1/11/15 10:31 AM
rastri
¿Que qué es la muerte?

La muerte es ese paso a otra dimensión temporal que la nuestra, mal conocida, ante la cual por nuestro pecado propio o heredado, todos más o menos nos sentimos cohibidos. Y algunos, la mayoría ante tal impotencia por no querer morir, hasta desesperados.

La muerte es algo así como lo es un nuevo nacimiento a la vida en nueva dimensión de tiempo y lugar.

Si guardáramos memoria de como, día a día, fuimos engendrados en el vientre de nuestra madre; cómo sentimos el brusco parto y cómo saliendo de aquella prisión nos viéramos en una nueva dimensión de luz y oxígeno vital, entenderíamos mejor lo que es la muerte y el dejar este mundo y para vivir otra dimensión.

La diferencia que existe entre este primer parto y el segundo es que así como en el primero podemos venir al mundo con desagradables deficiencias de gestación heredadas más o menos toleradas.

Después de la muerte, en el segundo parto y nacimiento, estas deficiencias aquí llamadas pecados, definirán el todo ser de nuestra propia libertad la heredada y la que libre y responsablemente no hayamos procurado.

Dicho de otro modo, no es que Dios nos premie o nos castigue según nazcamos a la nueva vida. Es que según haya sido nuestra anterior vida, la de aquí, así serán los vestidos con los que nos presentaremos a esa nueva boda del Cordero.

Vestidos estos que ciertamente no serán de la desnudez corporal como los de Adán y Eva cuando pecaron; Tal cual y cómo se describe en: (Ap. 3,
1/11/15 11:48 AM
María de las Nieves
Estupendo artículo, acorde con la verdad y la vida.
1/11/15 1:15 PM
Pepito
Acuérdate de tus postrimerías y no pecarás, dijo Santo Tomás de Kempis. Cuando el espejuelo del fugaz y engañoso placer que nos promete el pecado nos deslumbre, acordémonos que tenemos que pasar por el tremendo trance de la muerte, y que si esta nos sorprende en estado de pecado, lloraremos sin remedio por toda la eternidad la alegría temporal que nos dió el placer pecaminoso.
1/11/15 2:11 PM
Manuel
¡Gracias por este buen artículo!

Por cierto, ¿qué imagen es la que encabeza el artículo? ¿A qué cuadro y pintor corresponde? Gracias.
1/11/15 2:47 PM
Juan Carlos ⛪
me encantan esta clase de articulos que ayudan a conocer mas nuestra fe.
1/11/15 5:33 PM
Luis López
"La ciencia más acabada,
es que el hombre en gracia acabe,
pues al fin de la jornada
el que se salva sí sabe,
y el que no, no sabe nada"

Versos citados por el Padre Castellani, pero ignoro su autor.
1/11/15 5:47 PM
Juan Alvarez Romero
Es cierto y creo que Dios mandò a su Hijo a la Tierra y se hizo hombre para salvarnos . Entonces , ¿ los que vivieron y murieron antes de esa època , se salvaron ?
1/11/15 7:26 PM
Mauro
¡¡¡ Gracias, San Josemaría, gracias por aceptar ser un humilde instrumento del Señor para fundar la Obra, que tan necesaria es y tanto bien hace a tantas almas !!!
1/11/15 8:34 PM
Juan A.
San Pablo fue un pecador y al mostrárse la luz cambio y ahora es santo, es decir, no solo no se le castigó eternamente, sino que alcanzó la luz divina.
¿ No seguirá cualquier hombre su camino?
1/11/15 9:00 PM
enri
Con todos mis respetos a los que no piensen igual:

1) Ni se puede enviar a un bebé directamente al cielo (después de bautizado) como en principio es posible en teoría al enunciado del Catecismo de la Iglesia Católica.

2) Ni tampoco es posible enviar a una persona al infierno como así se atribuía en la hoguera en la Santa Inquisición.

Soy católico practicante y seguiré siendo siempre cristiano. Ahora bien, si ex-cathedra se afirmara lo anterior dejaría de ser católico, pues con esas 2 afirmaciones no podría seguir siendo católico.

Con todos mis respetos a los que piensen diferente por su educación, que es muy comprensible, y desde el respeto más sagrado y profundo tengo que decir que desde mi punto de vista la Iglesia Católica, de afirmar con rotundidad ex-cathedra por el Papa y en comunión con el Magisterio de la IC esas dos premisas, se convertiría (desde mi punto de vista y con todos los respetos) en una especie de secta muy peligrosa y por ello yo, automáticamente, me autoexcluiría.

Creo que se debe meditar con muchísima profundidad.
Pienso que respecto al punto 2) se puede ver bien, en retrospectiva, el gravísimo error que hubo.

Si el punto 1) fuese Dogma de fe (ex-cathedra), redactado e incluso en esos términos explicitados, habría un retroceso similar al que hubo con los excesos de la Santa Inquisición.

Que Dios siempre esté presente y nos ayude siempre a avanzar y no retroceder.

Un abrazo.
1/11/15 9:03 PM
enrique muñoz belmonte
Rastri, los términos que empleas al referirte después de la muerte del ser humano como " paso a otra dimensión TEMPORAL..." o que la muerte es" un nuevo nacimiento a la vida en nueva dimensión de TIEMPO Y LUGAR...".
En Dios, no hay tiempo ni espacio . Dios no tiene principio ni fin y el tiempo y el espacio tienen principio y fin,; por tanto hay que llevar cuidado de no confundir al personal . Lo relacionado con Dios, en cuanto Su Ser es hablar de Eternidad, y lo que hay en el ser humano de sobrenatural es participación del Ser eterno de Dios. Si estoy equivocado en mi juicio me gustaría que se me corrigiera. Un abrazo Rastri. enrique
1/11/15 10:01 PM
Pedro
Pero morir en pecado mortal no es sinónimo de ir directo al infierno....no?

Al morir existe el juicio particular en el que el pecador tiene digamos "la última oportunidad" de salvación, es así?

Alguien podria explicar este aspecto? Por lo que he entendido la muerte en estado de pecado mortal ya sería suficiente para condenarse...pero está el juicio particular....
1/11/15 11:13 PM
Martina
Juan Álvarez Romero,
Respecto a lo que preguntas, nos decían que los muertos iban al Seol como llamaban al infierno, y los que habían sido fieles a Dios iban a un lugar que llamaban el Seno de Abraham. Por eso se dice en el Credo que Jesus murió, bajo a los infiernos, resucitó y subió al cielo donde se llevó a los justos que habían muerto antes de su pasión. Tambien al buen ladron le prometió que se lo llevaría con El al paraíso.

Yo pienso que no sirve dar vueltas a asuntos que tienen que ver con los otros.
Ya nos enseña en la parábola de los jornaleros que no paga según nuestro parecer, porque su justicia es más perfecta que la nuestra, actúa con nosotros con un amor total. No se puede pensar lo espiritual según un criterio tan rasero como el que tenemos.
Mejor para cada uno es creer en Dios, vivir según nos enseña y confiar en El
2/11/15 12:27 AM
Juan Pedro Oriol
Buenas noches desde Guadalajara, México. Soy párroco de una iglesia dedicada a un santo extremeño muy sencillo, Juan Macías, y vecino del templo de san Josemaria. Muchas gracias por esta meditación que tanto nos ayuda a todos. Dios los bendiga
2/11/15 5:24 AM
Eunice
Querido Enri: ¿dónde crees poder mandar a un niño recien lavado con la Sangre de Cristo y que no ha podido hacer mal alguno?

¿Donde mandar a un empedernido pecador que ha rehusado a Dios sistematicamente durante su vida y morirá con voluntad eterna de no querer Nada con Dios?

En ambos casos entra en juego la decisión personal querer o rehusar someterse a Dios. No olvidar que Dios es tan misericordioso que si el condenado se arrepintiera lo perdonaría; el problema reside en que la voluntad del condenado no puede dar marcha atrás, está fuera del tiempo
2/11/15 10:00 AM
Para Pedro
Pedro,
Como dicen claramente los textos del catecismo el tiempo de merecer termina para el hombre con la muerte. Después de la muerte ya no hay posibilidad de arrepentirse de los pecados.
Si se muere en pecado mortal y sin arrepentimiento el juicio particular no es una última oportunidad para salvarse sino la retribución inmediata del premio o castigo según las obras realizadas en vida.
Por eso, la primera responsabilidad del cristiano es vivir en gracia de Dios.
Un saludo
2/11/15 10:48 AM
rastri
enrique muñoz Belmonte: Te respondo.

Cuando hablo sobre otra dimensión TEMPORAL me refiero a cuándo y cómo después de esta vida acontecerá por lo que se nos revela y conocemos y creemos como la Resurrección de los Muertos.

Resurrección ésta que será después de esta nuestra vida y muerte actual; la verdadera resurrección para aquellos que en modo y manera de tiempo y lugar habiendo muerto en la paz de Dios resucitarán a nunca más morir. Para los demás será otra cosa, una muerte y oscuridad más profunda será.

Y aquí para los bienaventurados que gocen de ESTA RESURRECCIÓN, que como un nuevo nacer, crecer y multiplicarse, renovarse, poblar y nunca más morir del todo de este paneta Tierra será tal cuál y cómo fuere antes del Pecado Original.

Es decir en perfecto respeto y obediencia según sea el grado jerárquico de cada individuo. O como en correspondencia sea el amor del mayor hacia el menor así sea la admiración del menor hacia el mayor.
O como dice el profeta:El lobo y el cordero pastarán juntos, y el león, como el buey, comerá paja, y para la serpiente el polvo será su alimento. No harán mal ni dañarán en todo Mi santo monte," dice el SEÑOR.

Entonces sí, culminada esta resurrección, el cuerpo de Cristo no se nos presentará como actualmente está bajo las especies del pan y del vino; Sino que salvando las distancias de entre Él y los demás vivirá, se le verá y se le oirá en su cuerpo glorioso como uno más de los que este planeta Tierra hubieren resuci
2/11/15 11:50 AM
Charo
Gracias por ponernos estas palabras de San Josemaría, no las conocía y me han gustado mucho. Son muy consoladoras.
2/11/15 12:02 PM
enri
Con todos mis respetos Eunice,
Respecto de esta pregunta:
¿dónde crees poder mandar a un niño recien lavado con la Sangre de Cristo y que no ha podido hacer mal alguno?

Creo en la infinita Sabiduría y Ecuanimidad de Dios por ello Su Voluntad siempre será la mía, tanto si está en sintonía con el Catecismo de la Iglesia Católica como si hay algún detalle que no lo está. Lo que percibo desde mi intuición, cuando considero desde mi interior que estoy en plena comunión con Dios, es que de la misma manera que la Santa Inquisición cometió excesos sería un gravísimo exceso que pudiésemos enviar almas directamente al cielo y que no tendría sentido vivir con la posibilidad de sufrir en este valle de lágrimas o en el purgatorio y no digamos ya con el esquema del infierno eterno.
¿Si la vida es corta, algunas personas mueren siendo niños, jóvenes o de cierta edad, por qué arriesgar por qué sufrir, aquí en la tierra y en el purgatorio que como dice el Papa emérito BXVI iremos al purgatorio una gran mayoría?
2/11/15 7:36 PM
Kinxo
Mucha influencia de la NUEVA ERA y sectas como los Testigos de Jehova hay en los comentarios de algunos participantes.
Los católicos no creemos según nuestra intuición. Creemos apoyados en el Magisterio que enseña la Iglesia. Y si no es así NO ERES CATÓLICO. Serás otra cosa pero NO CATOLICO.
Esto es así o aceptas las cosas como las enseña la Iglesía Catolica o estás fuera del rebaño de Cristo.
2/11/15 11:33 PM
Luis Fernando
Enri, lo que usted piensa se da de tortas con la fe católica. Y no es este el lugar para difundir herejías. Fin.
3/11/15 4:49 AM
SIMON- D.U.E. (JUBILADO)
Misericordia Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa. (Salmo 50) Miserere Mei Deus.
4/11/15 12:12 PM
Grace del Tabor - Argentina
Recuerdo del Catecismo que aprendí de memoria antes de recibir la Primera Comunión, en el Colegio "María Auxiliadora" : Las postrimerías son cuatro : muerte, juicio, infierno y Gloria.
¿Recuerdo equivocado?
7/11/15 7:07 AM

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