Confiamos a la Virgen María el hambre y la sed de justicia y de paz

El papa Francisco celebra la Solemnidad de Santa María Madre de Dios en el primer día del año 2014

El Pontífice presidió esta mañana la Eucaristía del primero del año en la Basílica de San Pedro en la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios y en la Jornada Mundial de la Paz. Destacó el Papa que no tenemos «una esperanza ilusoria, basada en frágiles promesas humanas» ni «una esperanza ingenua, que imagina un futuro mejor sólo porque es futuro», sino fundamentada «en la bendición de Dios, una bendición que contiene el mejor de los deseos, el deseo de la Iglesia para todos nosotros, impregnado de la protección amorosa del Señor, de su ayuda providente».

(Agencias) El Pontífice presidió esta mañana la Eucaristía del primero del año en la Basílica de San Pedro en la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios y en la 47ª Jornada Mundial de la Paz

Una vez concluida la Santa Misa de la Solemnidad de María Madre de Dios, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio frente a la Plaza de San Pedro. El Obispo de Roma dirigió sus más cordiales felicitaciones al inicio del nuevo año, son sus deseos de paz y de todo bien. «Deseo, dijo, que es el de la Iglesia y de todo cristiano, y que no está ligado a ese sentido un poco mágico y fatalista de un nuevo ciclo que comienza, porque sabemos que la historia tiene un centro que es Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, y tiene un fin, el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor, con la fuerza del Espíritu Santo»

La homilía completa del Papa en la Basílica de San Pedro en la mañana de Año Nuevo

La primera lectura que hemos escuchado nos propone una vez más las antiguas palabras de bendición que Dios sugirió a Moisés para que las enseñara a Aarón y a sus hijos: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26). Es muy significativo escuchar de nuevo esta bendición precisamente al comienzo del nuevo año: ella acompañará nuestro camino durante el tiempo que ahora nos espera. Son palabras de fuerza, de valor, de esperanza. No de una esperanza ilusoria, basada en frágiles promesas humanas; ni tampoco de una esperanza ingenua, que imagina un futuro mejor sólo porque es futuro. Esta esperanza tiene su razón de ser precisamente en la bendición de Dios, una bendición que contiene el mejor de los deseos, el deseo de la Iglesia para todos nosotros, impregnado de la protección amorosa del Señor, de su ayuda providente.

El deseo contenido en esta bendición se ha realizado plenamente en una mujer, María, por haber sido destinada a ser la Madre de Dios, y se ha cumplido en ella antes que en ninguna otra criatura. Madre de Dios. Este es el título principal y esencial de la Virgen María. Es una cualidad, un cometido, que la fe del pueblo cristiano siempre ha experimentado, en su tierna y genuina devoción por nuestra madre celestial.

Recordemos aquel gran momento de la historia de la Iglesia antigua, el Concilio de Éfeso, en el que fue definida con autoridad la divina maternidad de la Virgen. La verdad sobre la divina maternidad de María encontró eco en Roma, donde poco después se construyó la Basílica de Santa María «la Mayor», primer santuario mariano de Roma y de todo occidente, y en el cual se venera la imagen de la Madre de Dios –la Theotokos– con el título de Salus populi romani. Se dice que, durante el Concilio, los habitantes de Éfeso se congregaban a ambos lados de la puerta de la basílica donde se reunían los Obispos, gritando: «¡Madre de Dios!». Los fieles, al pedir que se definiera oficialmente este título mariano, demostraban reconocer ya la divina maternidad. Es la actitud espontánea y sincera de los hijos, que conocen bien a su madre, porque la aman con inmensa ternura.

María está desde siempre presente en el corazón, en la devoción y, sobre todo, en el camino de fe del pueblo cristiano. «La Iglesia… camina en el tiempo… Pero en este camino –deseo destacarlo enseguida– procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen María» (JUAN PABLO II, Enc. Redentoris Mater, 2). Nuestro itinerario de fe es igual al de María, y por eso la sentimos particularmente cercana a nosotros. Por lo que respecta a la fe, que es el quicio de la vida cristiana, la Madre de Dios ha compartido nuestra condición, ha debido caminar por los mismos caminos que recorremos nosotros, a veces difíciles y oscuros, ha debido avanzar en «la peregrinación de la fe» (CONC. ECUM. VAT. II, Const. Lumen gentium, 58).

Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo: «He ahí a tu madre» (Jn 19,27). Estas palabras tienen un valor de testamento y dan al mundo una Madre. Desde ese momento, la Madre de Dios se ha convertido también en nuestra Madre. En aquella hora en la que la fe de los discípulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jesús les confió a aquella que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás. Y la «mujer» se convierte en nuestra Madre en el momento en el que pierde al Hijo divino. Y su corazón herido se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, y los ama como los amaba Jesús. La mujer que en las bodas de Caná de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría.

La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo nuestra misión será fecunda, porque está modelada sobre la maternidad de María. A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz; y la invocamos todos juntos: ¡Santa Madre de Dios!

 

4 comentarios

Sanchez
Una vez más he tenido que quitar la voz al televisosr al ver por la 13 el dicurso del Papa Francisco. La causa: el doblaje de voz de Paloma Gómez Borrero. Es inaguantable que su su voz nos tape la del Papa. ¿Sería mucho pedirle que se limite a poner letreros que traduzcan, pero que no hable ella a la vez que lo hace el Papa? Es algo elemental, y no se comprende cómo ella no lo entiende. Sánchez
1/01/14 4:23 PM
Rafa
Hermosas palabras del Papa Francisco, nuevo rumbo en la iglesia católica, que hacen abrir aún mas nuestros corazones. Quienes somos creyentes, todo esto no nos suena a nuevo, pero cuando se utilizan las palabras correctas, sacadas del corazón, despiertan en nosotros como si fueran nuevas. Este Papa hace bien en abrirnos el corazón y ponernos a María de ejemplo, pues creo que muchas de las cosas que pasan hoy día son por falta de conocimiento del ejemplo de obediencia, ternura y humildad, hacia Dios y su Hijo, aceptando en todo momento, la voluntad de Dios. Yo creo, que desde el principio María era consciente que su Hijo, debería de aceptar la voluntad del Padre y que ella tendría que entregarlo a este para poder cumplir su misión, cuanto dolor y sufrimiento, cuantas dudas y desconsuelo, cuanta felicidad perdida, que regalo tan Divino. Amo a Dios Padre a Dios Hijo, pero también Amo a María, semilla de la buena nueva, sin ella, sin su Si, esta nuestra iglesia, no existiría y no hubiésemos visto y oído, aquello que otros despreciaron. Por todo esto creo, que el Papa Francisco, a hecho bien en usar este día, para entregárselo a María, Nuestra Madre y así darnos testimonio, ofreciéndonos esta Gracia, que estoy seguro, viene de inspiración Divina. Dios os guarde a todos.
1/01/14 11:46 PM
PLÁCIDO RUILOBA ARIAS
De acuerdo, con el comentario del señor Sanchez.
2/01/14 5:22 AM
anna gcia gro
muchas gracias por cuanto nos da ... Dios le siga bendiciendi por todo.
6/01/14 9:52 PM

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